Fue
allá por septiembre de 2020. Estábamos todavía bajo los efectos de la pandemia,
con sus secuelas de restricciones, mascarillas, distancia social. Había que
iniciar un nuevo curso que para mí era especial pues solo me quedaban tres
meses en activo dado que me jubilaba en diciembre. El nuevo curso, no obstante,
era recibido por mí con ilusión pues ponía fin a una separación de las aulas
desde el mes de marzo que cada cual llevó como pudo pero yo especialmente mal.
Nunca me acostumbré a ese sistema de clases por correo que realizaba por
imperativo legal pero que me parecía absurdo e inútil. Echaba de menos a los
chavales, pues aunque ocasionalmente me pudieran sacar de quicio, eran en
realidad el fin y la justificación de mi trabajo.
El
entonces director nos convocó a un claustro inicial que, dadas las
circunstancias, se celebró en el patio del instituto. Tras plantearnos una
serie de consideraciones, se abrió un turno de palabra en el que los profesores,
especialmente los jóvenes no conocidos por mí todavía, plantearon diversas preguntas
acerca de las clases, su funcionamiento, cuestiones pedagógicas, etc.
Después
de escuchar preguntas y respuestas, yo también levanté la mano y dije: voy a
plantear una cuestión que para mí es muy importante, ¿ va a estar abierta la
cafetería? Los más jóvenes me miraron con gesto de asombro. Como si dijeran
para sí, ¿ de dónde ha salido este necio que hace una pregunta tan poco seria?
Para
mí la pregunta no era una provocación ni una frivolidad. Se trataba nada más y
nada menos de si podríamos disfrutar de nuevo de un espacio de descanso,
tranquilidad y recreo que consideraba fundamental en nuestro quehacer,
Se va
acercando la hora en la que uno de los pilares del instituto, Teresa la de la
cafetería, se jubila.
Yo,
que por edad, todavía tuve que cumplir con el servicio militar, recuerdo que
uno de los dichos con los que los más veteranos nos humillaban a los recién
llegados era el clásico “ te queda más mili que al palo de la bandera”.
Teresa
lleva más tiempo en el centro que el palo de la bandera en los cuarteles. Ha
visto pasar a infinidad de promociones de alumnos y a profesores en sus
destinos.
La
cafetería, especialmente en el modo en que la ha llevado Teresa, ha sido un
lugar de encuentro, de risas, de lamentaciones, de convivencia, en suma.
Su
saber estar y su sensatez han hecho posible que la cafetería no solo sea un lugar
para consumir sino más bien un espacio de convivencia civilizada. Ha sabido
tratar con profesores y alumnos de manera abierta, estando siempre en su lugar,
siempre con dignidad.
Su
trabajo ha sido duro y sacrificado pero nunca ha trasladado a sus parroquianos
malestar ni amargura,
Se irá
pronto Teresa. También se irán pronto los pocos profesores que aún quedan de mi
etapa y el centro, poco a poco se convertirá en un lugar que ya no podré
visitar pues ya no quedará nadie que me conozca y con el que pueda charlar.
Con
todo, sé que podré todavía disfrutar de la compañía de Teresa gracias a la red
de amistades que con los años hemos ido tejiendo.
Mucha
suerte y gracias por todo.
