martes, 31 de marzo de 2020

¿RESISTIRÉ?


Una canción de hace unos cuantos años, RESISTIRÉ, del Dúo Dinámico, se ha convertido de la noche a la mañana, o mejor dicho dadas las circunstancias, de la mañana a la noche, en un himno de lucha y fortaleza para hacer frente a la pandemia que a todos nos tiene dominados, ya sea por auténtica preocupación, ya sea por obsesión.
Nada hacía prever que un tema pegadizo, comercial, eficaz en su función de entretenimiento pero sin grandes pretensiones, se tornara en una llamada a mantener la fortaleza de ánimo y a la lucha ante una situación adversa.
En los últimos años, cada vez que un grupo de gentes, ya fuera pequeño , ya grande, incluso un país, se veía acometido por algún hecho que amenazaba su forma de vivir o incluso su existencia, el himno de guerra y resistencia solía ser NO NOS MOVERÁN.
Quizá tenga su sentido que la canción del Dúo Dinámico haya desplazado de su lugar de pieza de resistencia al NO NOS MOVERÁN.
Sonaría a broma pesada el hecho de cantar una canción  que dijera que nadie se iba a mover cuando lo que realmente ocurre es que de momento no podemos movernos de ninguna manera.

jueves, 26 de marzo de 2020

DOCE UVAS MALDITAS.


No se han cumplido aún ni tres meses desde que el 31 de diciembre estuviéramos todos mandándonos mensajes con deseos de felicidad para el año 2020. Todo el mundo jiji jaja deseando que el nuevo año nos deparara lo mejor para todos.
¡Joder!. ¡El año bonito veinte veinte!.
De haberlo sabido no me hubiera tragado las doce únicas uvas que me como cada año. No me gustan las uvas y me las como ese día por aquello de no dar la nota.
Si llegamos al 2021, la única certeza que tengo es que las uvas se las va a comer su padre.

domingo, 9 de febrero de 2020

UNA CHARLA SOBRE LA VIOLENCIA.


Hace no muchos días, cuando me disponía a salir de mi centro de trabajo dado que mis alumnos habían acudido a una excursión y mientras descendía por las escaleras pensando que el día había sido tranquilo oí en el piso de abajo un ruido que poco a poco identifiqué como propio de una pelea, pues como tono de conversación, aun entre españoles, me pareció un tanto intempestivo.
Un niño de unos 13 años pegaba y a su vez era pegado por unas niñas de la misma edad. Una profesora de guardia apareció y yo  intenté junto con esta profesora arreglar la situación.
Mientras apartábamos al niño, muy alterado, y lo mandábamos a un aula contigua que en ese momento estaba vacía, una señora del ayuntamiento se disponía a impartir en la clase de ese mozo una charla acerca de la violencia. Mientras la ponente censuraba los inconvenientes de la violencia en todo tipo de circunstancias, el alumno en cuestión nos regalaba con gritos y daba cabezazos y patadas, debiendo hacer notar que tanto los cabezazos como las patadas los daba contra sí mismo, y ya metido en faena, derribó una mesa. Le hice notar que se podría hacer daño, respondiéndome que daba igual, dado que la vida es una mierda.
Entre mi compañera y yo le instamos a ir a jefatura pero él se negaba. En determinado momento se atrincheró en el baño de chicos y dado que mi compañera no podía entrar ahí lo hice yo. Prosiguió el siguiente diálogo:
_ ¡Ve a jefatura!
-No me da la gana!
¡ Da igual, tienes que ir!
-No
-Sí
- Qué, ¿me vas a obligar?
- Sí.
- Y, ¿cómo?
La última pregunta me hizo ver que el chico era listo y que había captado la esencia del sistema educativo español, pues evidentemente, si él no quería, no había manera de obligarlo.
Al final bajó y tras estar con un jefe de estudios lo subimos otra vez al aula vacía intentando calmarlo. De vez en cuando irrumpía en el aula donde se desarrollaba la charla y mientras la ponente decía "la violencia nunca es la solución para nada" él gritaba " ¡que os den por saco, escoria humana!".
Algo falla.

martes, 28 de enero de 2020

ÍDOLOS DE HOY.


La fama en el deporte es efímera. Los ídolos de hoy serán perfectos desconocidos mañana.
A veces, para tratar de atenuar el delirio futbolístico de alguno de mis alumnos pregunto si sabe quién fue Amancio. Por supuesto pienso en Amancio Amaro Varela, pero a la mayor parte de mis alumnos el único Amancio que les suena es Amancio Ortega.
Qué decir de uno de los mejores futbolistas españoles de todos los tiempos, Luis Suárez. Para ellos el único Luis Suárez es el actual. De Di Stéfano tienen alguna vaga idea y para la mayoría Kubala es desconocido.
Cierto es que los ejemplos que aquí he traído son de futbolistas de hace muchos años pero de Michel, Butragueño y otros de  época más reciente tampoco tienen noticia muy clara.
En otros ámbitos, como el de la política, la memoria tampoco es muy eficaz. Para muchos de ellos Adolfo Suárez es un aeropuerto. Felipe González es un desconocido. Por Leopoldo Calvo Sotelo no pregunto porque a ese no lo conoce ni su familia.
Con todo, algo falla en nuestro país en lo que afecta a cualquier acontecimiento del pasado, ya sea deportivo o político. Se vive en un presente continuo.
En Milán algunos jóvenes siguen pidiendo autógrafos a Luis Suárez Miramontes. Son del Inter y para ellos Luis Suárez representa a uno de los mayores jugadores de su historia.
Aquí sólo cuenta lo de ahora. Nadie ha jugado al fútbol antes. Si preguntas quién gobernaba antes que Sánchez te dirán que Rajoy. Si preguntas por el predecesor de Rajoy algunos responden que Zapatero pero otros dudan. Aznar ya empieza a verse entre nieblas y si preguntas por lo anterior a él muchos dicen que Franco.
En fin, duro tiene que ser el oficio de profesor de Historia.


lunes, 30 de diciembre de 2019

¡A POR ELLOS, OE!


Lo malo de entender la patria como si de un equipo de fútbol se tratara es que en vez  de ciudadanos se crean forofos.

viernes, 1 de noviembre de 2019

LA FIESTA DE LA CALABAZA.


Hoy es la fiesta de la calabaza. Costumbre no muy antigua que, aunque de origen celta, ha llegado a nosotros por influencia de los norteamericanos de USA.
Recuerdo de pequeño haber leído por esas fechas la inquietante Leyenda del monte de las ánimas de Bécquer, mejor escritor  de lo que a veces se suele pensar. También era costumbre representar el Don Juan de Zorrilla, obra despreciada por su propio autor pero de indudable impacto popular durante muchos años.
Ahora todo esto es historia. La calabaza se ha impuesto sin discusión posible. También se impuso la costumbre de que los mozalbetes arrojaran huevos al paso de los autobuses, lo que  provocaba un placer difícil de describir al parecer.
Cada cual se divierte como puede y sabe pero en lo que a mí respecta no puedo evitar sentir fastidio por una moda que nunca me agradó.
En fin, diviértase todo el mundo, pero si mi opinión vale algo, aunque creo que no, se podrían meter la calabaza por el culo, si de tener experiencias al límite se trata.
Vale.

sábado, 5 de octubre de 2019

MI VIEJO "DOS CABALLOS".


No pude resistir la tentación, cuando esta mañana vi en el quiosco una reproducción en pequeñito del modelo Citroen 2 CV, el clásico "dos caballos", de llevármelo a mi casa.
El "dos caballos" fue mi primer coche. Con él aprendí a conducir hace ya casi cuarenta años. Durante nueve años fue vehículo de mis excursiones, no muy alejadas de mi casa, en verdad, pues el coche se demostró apto para circular por Madrid, alrededores y como máxima concesión a la aventura, provincias limítrofes como Segovia o Toledo. Tenía el "dos caballos" la virtud de educar a su conductor en la paciencia, dado que los adelantamientos se hacían difíciles. Sólo ante camiones ya viejos me decidía por una maniobra peligrosa en cualquier vehículo y más en uno en el que era difícil lograr una aceleración rápida. Eso sí, por llano, el "dos caballos" se deslizaba con suave elegancia.
El indicador de velocidad marcaba un máximo de 160, pero esa cifra más recordaba a las fantasiosas indicaciones de los diales de las viejas radios, que prometían poder escuchar Berlín, París o Moscú, cuando lo único que se oía era la radio local, que a la realidad. Cuando mi coche alcanzaba los noventa kilómetros por hora, toda su estructura interior vibraba al punto que parecía que la carrocería iba a descomponerse de un momento a otro.
El interior era peculiar. Las marchas estaban situadas al frente y eran totalmente distintas al tradicional sistema en "hache" de la mayoría de coches de entonces, con cuatro marchas.
El asiento trasero era una especie de sofá corrido con una barra en el centro. Cuando iban tres personas atrás, si la que se sentaba encima de la barra era un varón, sufría invariablemente las toscas bromas de la época acerca de su grado de satisfacción al ocupar dicho asiento.
En sus últimos años mi "dos caballos" fue perdiendo unas facultades que nunca fueron portentosas. Momento hubo en que para arrancarlo tenía primero que empujarlo desde fuera en cuesta para luego subirme a él, tal como se hacía en las motocicletas de carreras en tiempos del gran Ángel Nieto.
Cuando en el año 1988 la oposición aprobada me permitió ingresar en el cuerpo de profesores, tuve la perspectiva de unos ingresos seguros que me hicieron pensar en la conveniencia de comprar un nuevo vehículo. El empuje definitivo para decidirme por la compra vino dado cuando un día, al dirigirme al instituto Felipe II donde daba clase fui a tirar del freno de mano y este, haciendo honor a su nombre, se despegó de su lugar de asentamiento y quedó en mi mano.
Mi nuevo vehículo, un Seat Ibiza, me pareció complejísimo, casi una nave espacial, en comparación con el sobrio cuadro de mi viejo "dos caballos".
El día en que acudí al concesionario para recibir mi flamante Seat no pude evitar una sensación amarga cuando por el retrovisor veía mi viejo coche, del que el concesionario se hacía cargo, probablemente para su desguace. Una cierta sensación de que dejaba abandonado a unos extraños a mi viejo compañero me acompañó mientras conducía un coche objetivamente mejor pero del que  podía sentir admiración pero no cariño.