miércoles, 24 de febrero de 2021

CLASES TRANSMITIDAS.

 

La obligación por parte de las autoridades educativas de transmitir las clases semipresenciales a través de una cámara es una de las mayores estupideces que se le han podido ocurrir a quienes sin tener idea de lo que es una clase se dedican a dar todo tipo de hipócritas instrucciones con tal de salvar su cara, dando la impresión de que se puede continuar realizando con normalidad lo que en realidad es imposible.

Una clase no es una conferencia. En una clase hay momentos alegres, momentos de enfado, risas, broncas, explicaciones serias, momentos de relajación, bromas que, fuera de contexto, pueden ser mal interpretadas.

Nuevas tecnologías dicen que son, pero más bien suponen una vuelta atrás, al pasado.

Por fortuna me he librado justo a tiempo de tener que pasar por semejante tortura. Si para hablar he de estar ante una cámara, más que una clase me parece que estoy dando un telediario.

En fin, métanse las cámaras por donde les quepa.

miércoles, 17 de febrero de 2021

SOBRE INUTILIDADES Y ABSTRACCIONES.

 

Hay quien dice que los conceptos de la filosofía son demasiado abstractos y de muy difícil comprensión. Otra característica con la que se suele tildar a la filosofía es la de su esencial inutilidad.

No niego yo ni lo uno ni lo otro, entre otras cosas porque hay muchos aspectos de la filosofía que nunca he llegado a comprender bien.

Lo que sí puedo afirmar es que en lo que a abstracción y difícil comprensión se refiere yo no he visto jamás en la filosofía nada que supere al concepto de "gastos de mantenimiento" por el que te cobran en una cuenta bancaria. Entiendo el gasto de mantenimiento en un vehículo de motor, pero en una cuenta bancaria se me hace incomprensible, sin duda por mi total ignorancia en asuntos financieros.

En cuanto a la inutilidad, yo no conozco nada más inútil que las luces de posición de un coche. ¿Para qué sirven?.

En fin, no cabe duda de que me quedan muchas cosas por aprender.

martes, 24 de noviembre de 2020

EL PROFESOR Y SANCHO PANZA.

 

Este año estoy corrigiendo los exámenes con cierta "benevolencia". Si, como se suele decir, un profesor atraviesa en su trayectoria tres etapas: Sancho el Bravo, Sancho el Fuerte y Sancho Panza, en mi caso la fase sanchopancesca se ve agravada por el hecho de mi inminente jubilación. Me retiro en Navidad y mi intención, en la medida de lo posible, es la de no dejar muchos "heridos de guerra" como herencia para mi sucesor.

He realizado exámenes, recuperaciones, recuperaciones de las recuperaciones. He dicho hasta las preguntas que iban a entrar. Pese a ello, hay personas hábiles que consiguen no aprobar ni siquiera en estas condiciones. He tenido que recurrir a criterios poco ortodoxos desde el punto de vista pedagógico. Por ejemplo, considerar que tal chaval no tiene mucha idea pero que no es ni mala persona ni sinvergüenza.

Hoy, después de entregar una de estas pruebas de recuperación, me ha ocurrido algo que en 32 años jamás me había sucedido. Como diría Rajoy, me ha sucedido una cosa "notable". Un alumno se me ha acercado al final de la clase para plantearme que tenía una duda acerca de la calificación, que era un 5. Cuando me disponía a buscar su ejercicio me ha dicho que no era necesario, pues su duda se concretaba en la siguiente pregunta: ¿por qué me has aprobado? Honestidad por su parte y perplejidad por la mía.

Más o menos le he hecho entender lo muy peculiar de mis circunstancias y mi deseo de no dejar suspenso a nadie al que no pueda seguir con posterioridad para poder ayudarle a superar la materia.

No sé si me estaré excediendo y en mi afán de "amnistiar" estaré cayendo en prevaricación.

Con todo, pienso que no lo estoy haciendo mal del todo aunque, quién sabe.

No me gustaría que mi recuerdo fuera el de Gabriel el sanguinario, aunque puede que pase a la pequeña historia como Gabriel el tonto.

Al final dará lo mismo.

Mucha suerte a mis chavales en el futuro.

sábado, 11 de abril de 2020

CURSO INTERRUMPIDO.


El curso está acabado. Se habla de clases telemáticas, de seguir avanzando. Nos piden informes, estadísticas, todo ello para hacer ver que continuamos. Yo no sé hacer lo que me piden. No hay medios salvo que por tales se entiendan mi ordenador, mi wifi y mi correo.
Me obligan a dar la tabarra a unos chavales que estarán, en el mejor de los casos, encerrados y preocupados y en el peor con algún familiar afectado por la enfermedad. Las actividades puede que tengan sentido en algunas materias, no lo sé. En mi caso, no tienen ninguna. No entiendo nada de estándares de aprendizaje, y la expresión "criterios objetivos" me parece una contradicción. Un criterio es por necesidad subjetivo, pues es un marco que permite juzgar algo destacando qué es lo importante y lo que no, y ello será siempre una decisión basada en fundamentos que hay que querer que sean honestos, pero que siempre serán subjetivos.
Estamos en abril y todavía no sabemos si las actividades que mandamos servirán para la evaluación, o se evaluará de otra forma.
Nadie se atreve a proponer lo más obvio: dar por terminado este maldito curso y evaluar haciendo un balance con los datos que tenemos de aquel tiempo en que podíamos dar clase.
En lo que a los alumnos de Segundo de Bachillerato se refiere, sabemos que habrá una prueba de selectividad, se han dado fechas, pero nadie ha dicho nada sobre la materia que habrán de estudiar, pues es claro que el programa no se podrá terminar.
En mi opinión, según mi criterio, totalmente subjetivo, ante una situación excepcional, a la hora de calificar, lo único que cabe es sentido común y, en la medida de lo posible, benevolencia.
P.D.
La presidenta de la Comunidad de Madrid se ha recuperado de la enfermedad. Me alegro, como debe hacer toda persona bien nacida, de su recuperación.
En cuanto al otro mal que aqueja a la presidenta, la falta de juicio, ya dijo el viejo Kant que a la falta de juicio se la denomina sandez y ante ese mal no hay remedio posible.


domingo, 5 de abril de 2020

MI ÚLTIMO DISCURSO.


Durante más de diez años, conforme se aproximaba mayo, yo empezaba a preparar el discurso de graduación que en nombre de mis compañeros dedicaba a los alumnos de Bachillerato que terminaban sus estudios en el centro.
Me gustaba prepararlo a conciencia, aunque era difícil eludir tópicos en una exposición anual que, por necesidad, no podía escapar de menciones repetitivas. Con todo, intentaba cada año introducir algún elemento nuevo que diera alguna frescura a mi intervención.
Si bien lo preparaba y lo repensaba con intensidad, lo pronunciaba siempre sin papeles, lo cual me obligaba a un importante esfuerzo. Mucho más cómodo sería decirlo leyendo unas cuartillas pero me parecía que lo que se ganaría en seguridad se perdería en autenticidad. La cuartilla para mí es un obstáculo que se interfiere entre mí y mi auditorio. Creo que hay que hablar sin papeles, siempre que ello sea posible.
Este año iba a ser mi último discurso. Me jubilo en diciembre y este era mi último curso completo.
La fatalidad no lo ha querido así. Algo infinitamente pequeño ha logrado imponerse a la inmensidad de nuestro mundo y ha truncado proyectos, ilusiones y vidas.
No podré pronunciar mi último discurso, no podré dirigir a mis alumnos esas palabras en las que tanto cariño ponía. Algo insignificante en comparación con la terrible tragedia que estamos padeciendo pero triste con todo para mí, que imaginaba otro final a mi carrera.
No habrá último discurso pues, como decía, me jubilo en diciembre aunque, ¿quién sabe? Quizá la crisis económica que ya estamos sufriendo y que vamos a sufrir con mayor intensidad haga que no se me permita jubilarme cuando yo creía que iba a hacerlo. Si así fuera y mis compañeros quisieran, en 2021 volvería a poner todo mi empeño en pronunciar un discurso digno.


martes, 31 de marzo de 2020

¿RESISTIRÉ?


Una canción de hace unos cuantos años, RESISTIRÉ, del Dúo Dinámico, se ha convertido de la noche a la mañana, o mejor dicho dadas las circunstancias, de la mañana a la noche, en un himno de lucha y fortaleza para hacer frente a la pandemia que a todos nos tiene dominados, ya sea por auténtica preocupación, ya sea por obsesión.
Nada hacía prever que un tema pegadizo, comercial, eficaz en su función de entretenimiento pero sin grandes pretensiones, se tornara en una llamada a mantener la fortaleza de ánimo y a la lucha ante una situación adversa.
En los últimos años, cada vez que un grupo de gentes, ya fuera pequeño , ya grande, incluso un país, se veía acometido por algún hecho que amenazaba su forma de vivir o incluso su existencia, el himno de guerra y resistencia solía ser NO NOS MOVERÁN.
Quizá tenga su sentido que la canción del Dúo Dinámico haya desplazado de su lugar de pieza de resistencia al NO NOS MOVERÁN.
Sonaría a broma pesada el hecho de cantar una canción  que dijera que nadie se iba a mover cuando lo que realmente ocurre es que de momento no podemos movernos de ninguna manera.

jueves, 26 de marzo de 2020

DOCE UVAS MALDITAS.


No se han cumplido aún ni tres meses desde que el 31 de diciembre estuviéramos todos mandándonos mensajes con deseos de felicidad para el año 2020. Todo el mundo jiji jaja deseando que el nuevo año nos deparara lo mejor para todos.
¡Joder!. ¡El año bonito veinte veinte!.
De haberlo sabido no me hubiera tragado las doce únicas uvas que me como cada año. No me gustan las uvas y me las como ese día por aquello de no dar la nota.
Si llegamos al 2021, la única certeza que tengo es que las uvas se las va a comer su padre.