domingo, 10 de febrero de 2019

" SIN COMPEJOS".


Ya hace tiempo que me pongo en guardia cuando oigo la expresión "te voy a ser sincero". Lo que debiera ser una virtud encomiable se convierte entre nosotros en el preludio de una crítica maleducada en no pocas ocasiones.
La misma prevención me causa la afirmación de alguien que dice hablar "sin complejos". Esta última expresión, popularizada en los años noventa por el conquistador de Perejil, se ha convertido en la antesala de cualquier barbaridad. Se dicen estupideces, pero como se dicen "sin complejos" parecen por ello más justificadas.
En todo lo anterior lo único que hay es el eterno rugido del macizo de la raza que confunde una vez más el pensar con el embestir, como ya señalara Machado.
Hay quien habla sin complejos y sin leer el discurso, sin papeles. Más valiera que leyera un poco más, quizá de ese modo le entrara en su mente alguna duda y se acomplejara un poco.

martes, 5 de febrero de 2019

DE NIÑOS Y CRIATURAS.


Al parecer el presidente autonómico aragonés se ha creído en el caso de pedir a sus funcionarios que, en aras del lenguaje inclusivo, no digan "niños" ni "niñas" y que en su lugar digan "criaturas".
No dudo de la buena intención de su propósito (ciertamente tampoco dudo de sus pocas luces).
Es verdad que "criatura" ha acabado por significar "niño", pero sobre todo "niño pequeño". No obstante, el significado primero de esta palabra no era "niño". Proviene de lo que los filósofos cristianos medievales llamaban "creatura" y que se refería a ser creado por Dios.
No creo que el presidente de Aragón tenga en mente que todo el mundo se adhiera a la metafísica creacionista. El poder de Dios se entendía en su más alta significación como el poder de creación absoluto, es decir, la capacidad de hacer pasar a algo de la nada al ser.
Los niños, en esta visión, no son creados por sus padres, son engendrados. De hecho, el Credo, al referirse a Cristo, Segunda Persona de la Trinidad, se preocupa de dejar bien claro que fue "engendrado, no creado", pues al ser Dios, no podía ser una criatura.
La lengua es algo vivo, que crece y cambia con las sociedad misma. Lo que no es claramente es un dispositivo sometido a la ocurrencia administrativa de quien ostentando un poder otorgado legítimamente por los electores, se cree legislador de la lengua y Dios de la gramática.
Lo que  ha producido el presidente de Aragón con su medida es, eso sí, un engendro. ¡Pobre criatura!.


domingo, 27 de enero de 2019

EL PEQUEÑO EMPERADOR.


En los años de la Universidad algunos antiguos alumnos del instituto San Isidro solíamos quedar con el profesor de literatura Luis Cañizal para charlar y dar cuenta de más de una cerveza. Éramos los que nos reuníamos pocos y supongo que nos creíamos selectos.
En una ocasión apareció por ahí, todavía no sé por qué, un tipo que había sido alumno pero con el que no teníamos mucha relación. Estuvo con nosotros un buen rato, hasta que se marchó, para gran alivio de los concurrentes. Sólo recuerdo que se llamaba Ignacio. Consiguió acaparar la conversación con su charla, poco amena en verdad y dominada por una idea fija y un tanto peculiar, que si en un principio causó estupor, poco a poco fue provocando fastidio y en mí un deseo ardiente y malsano de que quedara siniestrado al tropezar con un bordillo o incluso que sufriera un atropello, no mortal, eso sí, aunque, quién sabe.
Como decía, su tema de conversación era un tanto especial y a mi parecer poco factible, a saber:
el tipo nos manifestó su intención de hacerse emperador. En un primer momento pensé que se trataba de una charada sin más consecuencias pero nuestro personaje fue perfilando sus intenciones para acabar despidiéndose de nosotros con una especie de arenga en la que nos aseguró que veríamos cómo llegaba a emperador, pues estaba convencido de que su deseo se cumpliría.
Fui repasando mentalmente las trayectorias de Carlomagno, Napoleón, Francisco José, pero poco a poco reparé en otros emperadores como Bokassa I de Centroáfrica.
Han pasado los años y no tengo noticia de que en España se haya proclamado ningún emperador, ni siquiera José María Aznar, conquistador de Perejil.
No sé qué habrá sido de nuestro personaje. Igual ha acabado de inspector de enseñanza, como tantos otros de su nivel.

martes, 18 de diciembre de 2018

UNA INTERINA.


Aparecen por los institutos para cubrir la ausencia de algún compañero que o por enfermedad o por algún otro asunto no puede acudir a clase. Son los interinos. A veces vienen por poco tiempo. En ocasiones, cuando se trata de ocupar una plaza vacante que no está dotada o bien una plaza de jubilado no cubierta permanecen un curso entero. Sin ellos el trabajo de los institutos no podría salir adelante. El agradecimiento no suele formar parte de su reconocimiento. Un buen día nos enteramos de que ya no vendrán más.
En años anteriores solían ser despedidos justo antes de las vacaciones para así no tener que pagarles las mismas.
Muchas veces vienen con ganas, con ilusión, con energía. Esas mismas ganas, ilusión y energía que tuve yo alguna vez y que ya no tengo.
Ahora una joven interina ha sido noticia desgraciada como víctima de un brutal asesinato. La joven había acudido a Nerva desde Zamora para cumplir una sustitución. La sinrazón y brutalidad de una bestia humana ha acabado con la vida de alguien que se iniciaba en lo que, pese a todo, sigue siendo la profesión más bonita del mundo.
Por lo poco que sabemos, se puede decir que se trataba de una joven llena de ideas, imaginativa.
La enseñanza ha perdido sin duda a una gran profesora. Su familia, su novio, qué decir.
¿Hasta cuándo vamos a asistir a hechos de este tipo? Supongo que esta desgracia será ocasión para que algunos programas incrementen su audiencia o alguien busque culpas donde sea o como sea.
De no haberse cruzado un criminal en su camino habría acabado su sustitución y puede que nadie se lo hubiera agradecido.
Nunca fui interino. Tiene que ser muy difícil hacerse con grupos a mitad de curso, gentes que saben que vas a estar de paso y que puede que por ello no te tomen muy en serio.
¡Descanse en paz nuestra compañera!.


domingo, 2 de diciembre de 2018

DICIEMBRE.

Llega el mes de diciembre y con él los preparativos de la Navidad. También con la llegada del último mes del año se da ocasión para  que quien más, quien menos, haga el casi obligado balance de lo que ha traído consigo el año que acaba.
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Realmente el verdadero año en la mayoría de trabajos se inicia en el mes de septiembre. Así es en el ámbito judicial, en el escolar y universitario y en tantas otras labores en las que el año solar queda sustituido por el ejercicio vigente.
Con la llegada de la Navidad se inicia también un tiempo en el que es difícil hallar a alguien a quien guste una fiesta de la que todo el mundo participa a la vez que detesta.
Es difícil dar con alguien que afirme que le gustan estas fiestas. Más fácil es encontrar a quien le disgusta e incluso no faltan quienes dicen odiar la Navidad.
No me encuentro yo en el número de los que participan del casi obligatorio disgusto ante estas fiestas. Siempre me gustó la Navidad, adorno con ilusión mi casa y celebro a mi manera estas fiestas.
Me hago cargo de todo lo que de agobiante, excesivo, comercial lleva consigo la Navidad pero para mí el carácter entrañable de la celebración sigue presente. Bien es cierto que yo he ido construyendo al cabo de los años mi propia Navidad.
Para mí, el sentido intimista de la fiesta prima sobre el carácter más exterior y ruidoso con que muchas veces es vivida.
El ruido constante con el que en cualquier lugar somos obsequiados encuentra desde luego en la Navidad ocasión propicia para manifestarse en toda su plenitud de prepotencia y estupidez. Petardos, fuegos artificiales, músicas comerciales llamando a consumir, beber, comer sin tasa son desde luego elementos que no ayudan a amar estas fiestas. No obstante, he conseguido sustituir el ruido presente por la memoria de un tiempo ya ausente pero no por ello menos auténtico en el que la Navidad suponía reencuentro feliz y descanso de las fatigas escolares y laborales.
La llegada de este tiempo es para mí ocasión de reencuentro con unas músicas siempre queridas. Dos obras en particular son oídas por mí en estas fechas con preferencia a otras: el Oratorio de Navidad de Bach y El Mesías de Handel. Cada una de ellas con su propio carácter, más intimista y ligada al culto luterano el oratorio de Bach, más extrovertida y efectista la partitura de Handel.

Las grandes celebraciones de Navidad son más bien fiestas de vísperas: Nochebuena, Nochevieja, noche de reyes. Los días festivos propiamente dichos son más ocasión para comidas no siempre deseadas por parte de los adultos y para reparación de excesos por parte de los más jóvenes.
El espíritu de jolgorio y ruido de la época ha impregnado a casi todas las fiestas, de tal manera que la Nochebuena es celebrada casi como si fuera una Nochevieja. Por mi parte, pasados ya los tiempos en los que la Nochevieja era una noche excepcional, me decanto cada vez más por un sentido intimista de la Navidad, de tal manera que en el fondo tiendo a hacer de la Nochevieja una Nochebuena.
El propio carácter ritual de estas fiestas, con su inicio en el canto adormecedor de los niños de San Ildefonso, el discurso del rey, las campanadas, la cabalgata, tiñe a estas fiestas de un extraño carácter, como de tiempo suspendido, pero que en su etérea intemporalidad permite a su vez recordar con intensidad ese otro tiempo, el inexorable, hablando con su terrible silencio de las ausencias siempre presentes en estas fechas. Ello me provoca más tristeza que angustia, pero no me hace odiar la Navidad.
No, definitivamente no odio estas fiestas. ¡Qué le vamos a hacer!


domingo, 4 de noviembre de 2018

EXPERTOS EN LEYES.


Y de repente todo el mundo se convirtió, en aquel país poco dado al estudio paciente y concienzudo, en experto en derecho penal y constitucional.
Agudas reflexiones acerca de la distinción entre sedición, rebelión y protesta tumultuaria llenaban horas y horas en los programas dedicados al debate (es un decir) de ideas (es otro decir).
Las mismas personas que, en otras ocasiones, se habían mostrado expertas en aspectos como el cambio climático y las energías renovables, mostraron un sorprendente conocimiento sobre las más intrincadas cuestiones de la ley.
Sedicentes progresistas se remontaban a la Edad Media para defender unas libertades perdidas en algún momento de la Modernidad.
Desde el lado contrario, jóvenes descarados, sin complejos, criticaban por golpistas a los primeros siendo a su vez incapaces de condenar el más trágico de los golpes habido en un país no escaso de ellos. Los mismos jóvenes que, no sé si sin complejos o con complejos, no han leído un libro en su vida.
Mientras tanto, la convivencia se envenenaba sin remedio y un griterío de gente faltona echaba de la discusión a toda persona que no tuviera el rasgo moderno del grito y estuviera anclada en la anticuada idea de que los argumentos debieran ser el músculo de toda discusión.
A uno, que no le gusta que le pasen lista para ver dónde se encuadra, hace tiempo que se le quitaron las ganas de participar en la discusión y su única aspiración se reduce hoy día a desear que no acabemos todos dándonos trastazos para acabar volviendo a la casilla de salida.


domingo, 21 de octubre de 2018

POLÉMICA ESTÚPIDA.


El nivel educativo de los niños andaluces no es inferior al de resto de niños españoles.
Su nivel es similar.
Ahí está lo malo.