martes, 18 de diciembre de 2018

UNA INTERINA.


Aparecen por los institutos para cubrir la ausencia de algún compañero que o por enfermedad o por algún otro asunto no puede acudir a clase. Son los interinos. A veces vienen por poco tiempo. En ocasiones, cuando se trata de ocupar una plaza vacante que no está dotada o bien una plaza de jubilado no cubierta permanecen un curso entero. Sin ellos el trabajo de los institutos no podría salir adelante. El agradecimiento no suele formar parte de su reconocimiento. Un buen día nos enteramos de que ya no vendrán más.
En años anteriores solían ser despedidos justo antes de las vacaciones para así no tener que pagarles las mismas.
Muchas veces vienen con ganas, con ilusión, con energía. Esas mismas ganas, ilusión y energía que tuve yo alguna vez y que ya no tengo.
Ahora una joven interina ha sido noticia desgraciada como víctima de un brutal asesinato. La joven había acudido a Nerva desde Zamora para cumplir una sustitución. La sinrazón y brutalidad de una bestia humana ha acabado con la vida de alguien que se iniciaba en lo que, pese a todo, sigue siendo la profesión más bonita del mundo.
Por lo poco que sabemos, se puede decir que se trataba de una joven llena de ideas, imaginativa.
La enseñanza ha perdido sin duda a una gran profesora. Su familia, su novio, qué decir.
¿Hasta cuándo vamos a asistir a hechos de este tipo? Supongo que esta desgracia será ocasión para que algunos programas incrementen su audiencia o alguien busque culpas donde sea o como sea.
De no haberse cruzado un criminal en su camino habría acabado su sustitución y puede que nadie se lo hubiera agradecido.
Nunca fui interino. Tiene que ser muy difícil hacerse con grupos a mitad de curso, gentes que saben que vas a estar de paso y que puede que por ello no te tomen muy en serio.
¡Descanse en paz nuestra compañera!.


domingo, 2 de diciembre de 2018

DICIEMBRE.

Llega el mes de diciembre y con él los preparativos de la Navidad. También con la llegada del último mes del año se da ocasión para  que quien más, quien menos, haga el casi obligado balance de lo que ha traído consigo el año que acaba.
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Realmente el verdadero año en la mayoría de trabajos se inicia en el mes de septiembre. Así es en el ámbito judicial, en el escolar y universitario y en tantas otras labores en las que el año solar queda sustituido por el ejercicio vigente.
Con la llegada de la Navidad se inicia también un tiempo en el que es difícil hallar a alguien a quien guste una fiesta de la que todo el mundo participa a la vez que detesta.
Es difícil dar con alguien que afirme que le gustan estas fiestas. Más fácil es encontrar a quien le disgusta e incluso no faltan quienes dicen odiar la Navidad.
No me encuentro yo en el número de los que participan del casi obligatorio disgusto ante estas fiestas. Siempre me gustó la Navidad, adorno con ilusión mi casa y celebro a mi manera estas fiestas.
Me hago cargo de todo lo que de agobiante, excesivo, comercial lleva consigo la Navidad pero para mí el carácter entrañable de la celebración sigue presente. Bien es cierto que yo he ido construyendo al cabo de los años mi propia Navidad.
Para mí, el sentido intimista de la fiesta prima sobre el carácter más exterior y ruidoso con que muchas veces es vivida.
El ruido constante con el que en cualquier lugar somos obsequiados encuentra desde luego en la Navidad ocasión propicia para manifestarse en toda su plenitud de prepotencia y estupidez. Petardos, fuegos artificiales, músicas comerciales llamando a consumir, beber, comer sin tasa son desde luego elementos que no ayudan a amar estas fiestas. No obstante, he conseguido sustituir el ruido presente por la memoria de un tiempo ya ausente pero no por ello menos auténtico en el que la Navidad suponía reencuentro feliz y descanso de las fatigas escolares y laborales.
La llegada de este tiempo es para mí ocasión de reencuentro con unas músicas siempre queridas. Dos obras en particular son oídas por mí en estas fechas con preferencia a otras: el Oratorio de Navidad de Bach y El Mesías de Handel. Cada una de ellas con su propio carácter, más intimista y ligada al culto luterano el oratorio de Bach, más extrovertida y efectista la partitura de Handel.

Las grandes celebraciones de Navidad son más bien fiestas de vísperas: Nochebuena, Nochevieja, noche de reyes. Los días festivos propiamente dichos son más ocasión para comidas no siempre deseadas por parte de los adultos y para reparación de excesos por parte de los más jóvenes.
El espíritu de jolgorio y ruido de la época ha impregnado a casi todas las fiestas, de tal manera que la Nochebuena es celebrada casi como si fuera una Nochevieja. Por mi parte, pasados ya los tiempos en los que la Nochevieja era una noche excepcional, me decanto cada vez más por un sentido intimista de la Navidad, de tal manera que en el fondo tiendo a hacer de la Nochevieja una Nochebuena.
El propio carácter ritual de estas fiestas, con su inicio en el canto adormecedor de los niños de San Ildefonso, el discurso del rey, las campanadas, la cabalgata, tiñe a estas fiestas de un extraño carácter, como de tiempo suspendido, pero que en su etérea intemporalidad permite a su vez recordar con intensidad ese otro tiempo, el inexorable, hablando con su terrible silencio de las ausencias siempre presentes en estas fechas. Ello me provoca más tristeza que angustia, pero no me hace odiar la Navidad.
No, definitivamente no odio estas fiestas. ¡Qué le vamos a hacer!


domingo, 4 de noviembre de 2018

EXPERTOS EN LEYES.


Y de repente todo el mundo se convirtió, en aquel país poco dado al estudio paciente y concienzudo, en experto en derecho penal y constitucional.
Agudas reflexiones acerca de la distinción entre sedición, rebelión y protesta tumultuaria llenaban horas y horas en los programas dedicados al debate (es un decir) de ideas (es otro decir).
Las mismas personas que, en otras ocasiones, se habían mostrado expertas en aspectos como el cambio climático y las energías renovables, mostraron un sorprendente conocimiento sobre las más intrincadas cuestiones de la ley.
Sedicentes progresistas se remontaban a la Edad Media para defender unas libertades perdidas en algún momento de la Modernidad.
Desde el lado contrario, jóvenes descarados, sin complejos, criticaban por golpistas a los primeros siendo a su vez incapaces de condenar el más trágico de los golpes habido en un país no escaso de ellos. Los mismos jóvenes que, no sé si sin complejos o con complejos, no han leído un libro en su vida.
Mientras tanto, la convivencia se envenenaba sin remedio y un griterío de gente faltona echaba de la discusión a toda persona que no tuviera el rasgo moderno del grito y estuviera anclada en la anticuada idea de que los argumentos debieran ser el músculo de toda discusión.
A uno, que no le gusta que le pasen lista para ver dónde se encuadra, hace tiempo que se le quitaron las ganas de participar en la discusión y su única aspiración se reduce hoy día a desear que no acabemos todos dándonos trastazos para acabar volviendo a la casilla de salida.


domingo, 21 de octubre de 2018

POLÉMICA ESTÚPIDA.


El nivel educativo de los niños andaluces no es inferior al de resto de niños españoles.
Su nivel es similar.
Ahí está lo malo.

martes, 16 de octubre de 2018

DE MEDALLAS Y RECOMPENSAS.


Ayer me comunicó el director de mi centro que, dado que en estos momentos soy el profesor de mayor antigüedad en el cuerpo, debo formar parte de la mesa de votación de las próximas elecciones sindicales.
Privilegios de la antigüedad y privilegios de la vejez, supongo. También me dijo el director que la Dirección de Área de Educación ha dejado de conceder unas medallas que antes se otorgaban a los profesores que habían superado los 30 años de servicio, como es mi caso.
La medalla no tenía gran valor material pero lo que más me ha enojado es la razón que da la Dirección de Área: falta de presupuesto.
En lo personal no me afecta ni mucho ni poco pues nadie es buen juez de sí mismo y puede que en mi caso particular no me haya hecho acreedor a merecer medalla alguna. Lo que me irrita es el lado institucional del asunto, el poco aprecio que merecemos los que, mal que bien, intentamos desarrollar una labor, ante quienes están en los despachos.
Resumiendo conceptos: que se metan la medalla por donde les quepa.

domingo, 23 de septiembre de 2018

MEDIOCRIDAD Y AUDACIA.


Se supone que lo que caracteriza a una persona dotada de genialidad es el hecho de ser capaz de realizar actos extraordinarios lejos del alcance de las personas más comunes y de menor interés.
Por ello no acabo de entender la polémica suscitada en torno a cursos, doctorados, carreras que, realizados por nuestros próceres, han movido a sospecha por parte de gentes maledicentes que afirman que hay irregularidades en lo que al esfuerzo, diligencia, asistencia regular a clase se refiere por parte de dichos padres de la Patria.
Quienes así se soliviantan no acaban de entender lo que el concepto de genialidad denota.
Que alguien con esfuerzo y tesón consiga una titulación no deja de ser una muestra de mediocridad por parte de quien así se comporta. Es un camino común, trillado y en cierto modo vulgar.
El toque está en conseguir todo lo anterior sin apenas esfuerzo. Eso sí que es digno de admiración y alabanza por cuanto supone de extraordinario.
Como ciudadano español no puedo por menos que sentirme complacido y orgulloso de contar con una tan nutrida representación de hombres y mujeres poco comunes, personas extraordinarias que lejos de dejarse llevar por la vía cómoda y fácil de la rutina, ensayan otras vías, arriesgadas y audaces, novedosas.
¿Qué camino he de aconsejar a los jóvenes?, ¿mediocridad o audacia?
Este país tiene futuro.

sábado, 8 de septiembre de 2018

FORMAS RESPETUOSAS.


Las personas de mi edad solemos recordar el respeto con que recibíamos a nuestros profesores. Un ejemplo de ello lo constituye el hecho de que cuando en el instituto el profesor entraba en el aula, nosotros (y aquí el "nosotros" es estricto puesto que los institutos eran masculinos o femeninos) nos poníamos en pie hasta que el profesor dijera "¡siéntense!".
Poco a poco, con la democratización de las costumbres del país, dejamos de ponernos en pie y permanecíamos sentados mientras el profesor entraba e iniciaba su clase.
He de decir que en lo que a mí respecta, noto cada vez un mayor respeto por parte de mis alumnos e incluso he observado que se va recuperando la costumbre de permanecer en pie, hasta tal punto que cuando entro en el aula, mis alumnos no sólo están en pie sino que no hay manera de que se sienten. Algunos, llevando al extremo sus muestras de respeto, se sitúan incluso encima de las mesas y pese a mis ruegos de que abandonen tan eminente posición, se resisten a hacerlo.
¿Quién dice que se están perdiendo las formas? Alguien mal informado, sin duda.