sábado, 12 de mayo de 2018

DISCURSO DE GRADUACIÓN 2018.


Un año más tengo el honor de dedicar unas palabras a los alumnos que hoy se gradúan como bachilleres. Siempre es para mí grato este momento en que imparto en cierto modo la última lección que vais a recibir.
Hoy, en esta ceremonia no estamos todos, falta alguien. Un trágico accidente hizo que vuestra compañera Alejandra nos dejara antes de tiempo y puso ante nuestros ojos lo absurdo, lo inexplicable que la vida tiene a veces con su esencial fragilidad. Vaya nuestro recuerdo más sentido hacia ella.
No todos os incorporasteis al instituto desde un principio. Algunos lo hicisteis en primero de Bachillerato, procedentes de otros centros. Los hay que se incorporaron este mismo curso. Para todos van dedicadas mis palabras, y el hecho de que , sea cual sea el momento de vuestra incorporación ello no haya sido obstáculo para vuestra integración es una muestra de que este es un centro donde la convivencia es grata y un alumno se siente acogido ya haya sido alumno del centro desde un principio, ya se haya incorporado más tarde.
Algunos me habéis tenido como profesor más de una vez. Otros, por el contrario, nunca me tuvieron como su profesor. Unos y otros podéis sacar una conclusión positiva de esta circunstancia. Los que nunca me tuvieron como profesor pueden meditar sobre el hecho de que en este mundo no todo es negativo, se da también la buena fortuna y la suerte. Los que sí habéis sido mis alumnos podéis pensar que si, a pesar de haber sido vuestro profesor, habéis podido salir adelante, no habéis perdido el deseo de estudiar y vuestro cerebro no ha quedado dañado, podréis lograr lo que os propongáis en un futuro.
Es esta ocasión en la que vienen a mí recuerdos de estos seis años en que la mayor parte de vosotros habéis permanecido como alumnos de nuestro centro. Lo cierto, con todo, es que a la mayoría os conocí a una edad muy temprana, siendo unos niños, en segundo de la ESO, dando la asignatura de Ciudadanía.
Recuerdo aún la voz nueva, aguda y chillona de alguno de mis alumnos antes de que, con la edad, se tornara en una voz grave y bien timbrada. También recuerdo a un niño inquieto que leía siempre en un libro electrónico mientras yo desarrollaba mi explicación. Mi obligación era llamarle la atención, y así lo hacía, pero en el fondo me alegraba de que alguien quisiera leer, por más que lo hiciera en momento no oportuno. Si en esas lecturas sacó más provecho del que pudiera obtener de mis palabras, bienvenida sea su desobediencia.
También recuerdo a una niña que discutía todo lo que yo proponía y que nunca estaba conforme. A veces tenía la sensación de estar ante una futura fiscal. A otro niño le hacía gracia, no sé por qué, la palabra "casuística", empleada por mí para evitar que los debates se centraran en asuntos excesivamente particulares. Repetía la palabra como si de un sortilegio se tratara. Hubo un alumno que durante un año entero en segundo de la Eso fue para mí un simple nombre en la lista pues nunca estaba presente. Al año siguiente se incorporó con regularidad y me proporcionó una experiencia no frecuente en mi labor como profesor: ¡me escuchaba con atención!.
Habéis cursado todo tipo de asignaturas y os las han impartido profesores de muy distinta personalidad. En física os habrá dado clase Marga, siempre corriendo de una parte a otra, despidiéndose en el segundo piso, bajando por una escalera para, acto seguido verla aparecer subiendo por la otra escalera, con gesto de estar a punto de perder el AVE o de que le cerraran el vuelo.
 Ahí tenéis al departamento de Historia, con sus "chicos de la motocicleta": Arturo y Alfredo. Arturo, poniendo todo su empeño en desentrañar los misterios de la Historia del Arte. Alfredo, con esas preguntas de examen tan raras, rebuscadas, complicadas en su redacción, yendo a sorprender claramente, del estilo de la Segunda República, la Segunda Guerra Mundial, la dictadura de Primo de Rivera, el Sexenio Democrático, en fin, cosas que todo el mundo sabe que no se encuentran con facilidad en los epígrafes del  libro.
Todos habéis cursado filosofía. Aquí me he encontrado con frecuencia con alumnos apasionados e interesados en hacerme todo tipo de preguntas, aunque tales preguntas se podrían resumir básicamente en dos: "para qué sirve" y "¿a qué hora acaba esta clase?".
Cuando entro en el aula y veo la pizarra escrita puedo adivinar con facilidad qué profesor ha impartido clase  con anterioridad. Si aparecen los nombres de Kornilov, Kerensky o Lenin es Pablo quien ahí ha estado luchando por desentrañar las vicisitudes y complicaciones de la Revolución Rusa.  Si veo fórmulas extrañas alguno de los muchos de matemáticas.
A veces veo frases como "Pablito invitó a café a María". Bueno es saberlo, me digo, pero tras leer tan interesante información leo también conceptos como morfema, lexema, sintagma, un día seguros para mí pero con el transcurso de los años, ya un poco olvidados.
De mis clases procuro no dejar nada escrito en la pizarra. Siempre he tenido claro que no conviene dejar rastros del crimen.
Esas huellas en el encerado también me llevan a comprender con facilidad  que hoy por hoy más de uno de mis colegas me suspendería con toda claridad.
Habéis hecho amistades. Han surgido noviazgos. Algunos, especialmente los alumnos de sección, os conocéis desde vuestra primera infancia. Hoy vuestros caminos se separan inevitablemente. Algunas amistades se conservarán. En otros casos, las urgencias de la vida cotidiana os irán separando.
También se acaba vuestra relación con el centro. De vez en cuando vendréis para realizar alguna gestión o puede que para visitarnos pero poco a poco vuestras visitas se irán espaciando hasta que un día os deis cuenta de que ya no podréis volver al centro. Permanecerá el edificio pero ya no habrá ningún compañero al que visitar, algunos profesores, los más viejos, ya no estaremos. Otros se habrán trasladado. Un centro no es sólo el edificio, es un recuerdo, un ambiente, unas situaciones. Nada hay que venza el paso inexorable del tiempo. Todo es caduco y perecedero.
Pero hay otra forma de volver al centro: echar la vista atrás, recordar vivencias. El recuerdo suele ser benévolo y suele tener más presente los buenos momentos que aquellos de dificultad.
Cuando alguna vez echéis la vista atrás, quiero creer que vuestra memoria guardará un recuerdo grato de estos años.
También puede que algo bueno recordéis de nosotros.
Tenemos defectos, como es inevitable dada la humana condición, pero alguna virtud puede que veáis en nosotros.
En mi caso, un temperamento a veces volcánico me ha hecho daño. No voy a justificar lo que no deja de ser una deficiencia en mi manera de ser pero, con todo, si bien mis estallidos son tormentosos, no son duraderos y, aunque no recomendables, por lo menos son expresión de que no hay en mí indiferencia hacia lo que no considero correcto.
Los seis años anteriores, tanto por parte de los que los habéis cursado en el centro como por parte de los que os incorporasteis más tarde son años que os marcarán para siempre. Cursáis muchas materias. A veces no le veis sentido a muchas de ellas, pero es necesario que exista una etapa de estudio previa a la especialización profesional, que sólo se puede dar en los estudios superiores.
Las materias son muchas, sin duda, en comparación con lo que uno va a hacer de su vocación y de su profesión, pero ello es necesario si no queremos que el resultado de los estudios sea la formación de especialistas en una materia que sean ignorantes de todo aquello que no tenga que ver con sus intereses inmediatos. Ciertamente a una persona no le pueden interesar con la misma intensidad todos las ámbitos del saber. Esto nos pasa a todos, pero es necesario tener una mínima noción de todos ellos. Muchas de las cosas aprendidas las olvidaréis pero ello no debe confundirnos y llevarnos a pensar que no ha servido de nada lo aprendido. Hay una diferencia abismal entre no saber y haber olvidado. Si nada sabemos nada tendremos que olvidar pero nuestra mente es más rica si no recuerda que si no sabe.
Ahora también vais a dar comienzo a vuestra vida como ciudadanos activos. No son buenos los ejemplos que algunos de quienes dirigen la vida pública nos dan, pero de esos malos ejemplos también debéis extraer buenas conclusiones y no dejaros llevar por una indiferencia que lejos de resolver los problemas de la vida pública los incrementa. Hacen falta ciudadanos críticos, atentos, informados.
Con frecuencia se oyen en los medios de comunicación, por parte de periodistas y políticos, expresiones del tipo: " esta es la juventud más preparada de la historia de España". No lo pongo en duda. Es cierto que en muchos aspectos tenéis más preparación que la que alguno de nosotros tenía a vuestra edad. Habéis viajado más que lo que lo hicimos nosotros cuando ocupábamos los pupitres, tenéis mejor formación en idiomas que la que teníamos nosotros y habéis dispuesto de unos medios  que algunos de nosotros, los más viejos, no podíamos ni imaginar. Con todo, como los años me han vuelto no sé si cínico, pero sí receloso, la expresión "preparado" se me ha tornado sospechosa. Siempre pensé que se trataba de un simple adjetivo, pero repetida constantemente por políticos he llegado a pensar si con ello, más que un adjetivo sin más misterio, no se refieren a una palabra compuesta del prefijo "pre", es decir, "antes de", y "parado", es decir, "sin trabajo". De acuerdo con esta sospechosa interpretación, "preparado" querría decir estudiante previo a estar parado. Sea de ello lo que fuere, si no queréis estar "preparados" vais a tener que estar muy preparados.
A vosotros nadie os va a regalar una titulación, nadie os va a regalar un grado, lo tendréis que obtener con vuestro esfuerzo en el estudio y, con el esfuerzo económico de vuestras familias.
Los asuntos públicos no os deben dejar indiferentes, no porque sean apasionantes sino porque os afectan directamente.
En este 2018 se cumplen cuarenta años desde la promulgación de la actual Constitución de 1978. No son pocas las constituciones que han tratado de regir la convivencia entre los españoles: 1812, 1837, 1845, 1869, 1876, 1931. No cito algún que otro estatuto, alguna que otra Constitución que no llegó a entrar en vigor, algunas leyes fundamentales que mejor olvidar. Tanta fecha es muestra de que nuestra historia no ha sido fácil. Sin duda, toda obra humana es perfectible pero todo cambio debe estar bien meditado y es a vosotros de manera principal a quienes os toca tratar de mejorar los acuerdos de convivencia.
A veces se critica a los protagonistas de la Transición porque sólo hicieron lo que pudieron. Los que, como yo, éramos entonces jóvenes, nos quejábamos con frecuencia ante lo que nos parecía excesiva lentitud en los cambios. La juventud y la prudencia no siempre son buenas compañeras. Tampoco ahora se podrá hacer lo que se quiere y desea sino lo que se pueda hacer. Hacer lo que no se puede es olvidar que la política se rige por una ética de responsabilidad. Puede que aquella obra de la Transición no fuera el modelo de perfección que los que la protagonizaron tendieron a trasmitir pero tampoco fue una farsa. Esta España de hoy es mejor que la de hace cuarenta años. Vosotros la tendréis que hacer aún mejor.
A comienzo de este año en Primero de ESO, no recuerdo por qué motivo, me surgió la necesidad de hablar de ETA. Un niño me preguntó: ¿qué es ETA?. Jamás una demostración de desconocimiento por parte de un alumno me ha causado más contento. De tratarse de una alumno de más edad me habría irritado su ignorancia pero tratándose de un niño de doce o trece años rápidamente vinieron a mi mente las imágenes de aquellos años de plomo. Hay que pasar adelante, cómo no. Hay que pasar página, se suele decir. Claro que hay que pasar página, pero una vez bien leía, estudiada y aprendida la página anterior, para que la sinrazón, el espíritu de tribu, no atente una vez más a nuestra convivencia.
También este año hemos podido constatar cómo la mujer, de manera clara, rotunda, ha dicho no. No a la discriminación, no al abuso. Ese "no" desmiente el significado negativo de un simple adverbio . Ese "no" es un "sí" a la dignidad, un "sí" a la igualdad.
Este año también se cumple un aniversario de nula importancia para el Centro, de poco interés para vosotros pero sí significativo para mí: dentro de apenas dos meses se cumplirán treinta años desde que yo aprobara la oposición para profesor de instituto, en aquel momento Profesor Agregado de Bachillerato. Unido a una experiencia anterior como docente y a otra experiencia como profesor durante un año en el Ejército, más de la mitad de mi vida llevo ya en las aulas. Ello no me hace más sabio, por supuesto. He cometido errores y en el tiempo que me queda los seguiré cometiendo. Es inevitable por más que uno se esfuerce. Tengo ya más pasado que futuro en este trabajo. Me cuesta ya seguir el derrotero por donde discurre la enseñanza. Lo que se exige hoy de un profesor es distinto a lo que se le exigía en 1988, cuando ingresé como profesor en la enseñanza secundaria, entonces no obligatoria. Otros hombres y mujeres, otras generaciones, con otros métodos, con otras técnicas, con más frescura, con nuevas ideas, vendrán para mantener la labor de la enseñanza, poco valorada, como suele pasar con las cosas en verdad importantes.
Estoy convencido de que cada uno de nosotros ha intentado hacer su trabajo como mejor ha sabido y podido.
Creo que interpreto bien los sentimientos de mis compañeros si os deseo de todo corazón que en este nuevo camino, tanto en lo personal como en lo profesional, tengáis éxito. Éxito en el estudio, éxito en el trabajo, felicidad , en cuanto ello es posible en esta vida; y si alguien no alcanzara esa felicidad, que por lo menos nadie pueda decir que no la haya merecido, aunque no la haya encontrado.
¡Larga vida a la promoción 2012- 2018! ¡ Hasta siempre!



miércoles, 25 de abril de 2018

FUEGO AMIGO.


Parece ser que el viejo canciller alemán Konrad Adenauer solía decir que en política existen en orden ascendente de peligrosidad adversarios, enemigos y compañeros de partido, siendo estos últimos los más peligrosos y de quienes más había que cuidarse.
Un ex ministro español todavía vivo, Rodolfo Martín Villa, solía gritar: "¡cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!".
Algo de cierto expresan estas prevenciones. Adolfo Suárez, en sus años finales, sufrió la acometida de los socialistas(comprensible al ser la oposición natural) pero quienes realmente acabaron con él fueron gentes de su mismo partido orientadas más a la derecha de lo que lo estaba su presidente.
Algo de esto le ha ocurrido a la señora que hasta hoy ha presidido la Comunidad de Madrid. Ella sola ha sido la protagonista de los hechos que le han llevado a dimitir pero el "fuego amigo" de gentes de su mismo partido ha ayudado sin duda.
Desde su retiro en su casa de Madrid, una señora en otro momento implacable y hoy entrañable abuelita tiene que estar partiéndose de risa.
Como decía el conde de Romanones: " ¡Joder, qué tropa!".

martes, 24 de abril de 2018

MALA LETRA.


Se está difundiendo por el espacio mágico y virtual de la red una afirmación que sostiene que las personas inteligentes a menudo tienen mala letra.
La afirmación no permite sostener que toda persona que tenga mala letra sea inteligente. Sólo señala lo habitual de que una cosa vaya unida a la otra.
En lo que a mí se refiere, mi mala letra ha quedado acreditada ante toda persona que se haya visto en la obligación de leerla, o más bien interpretarla. Ello no me da crédito como persona inteligente, como ya ha quedado claro.
En mis primeros años de profesor, en el transcurso de una evaluación  estábamos comentando el caso de un chico del que casi ninguno de los presentes tenía nada positivo que decir. Eran aquellos tiempos en los que no se hablaba con la corrección y circunspección hoy habitual. En determinado momento, mientras mis colegas seguían ponderando las carencias del alumno en cuestión, yo saqué unas notas que llevaba escritas. Una compañera que estaba sentada a mi lado vio el papel y, creyendo que se trataba de un escrito del alumno del que estábamos hablando dijo con voz totalmente audible: "y, además, basta ver la letra de este chico para darse cuenta que es la letra de un anormal". "Elvira, esta letra es la mía", le dije. "¡Qué tonta estoy, verás, es que no me he puesto las gafas!". Sí, sí, las gafas, pensé yo. Lo dicho, dicho está.
Resulta evidente que mi compañera no estaba del todo de acuerdo con la idea de asociar la mala letra a la inteligencia. Puede que en lo que a mí se refiere acertara en el diagnóstico, aunque fuera por razones equivocadas.


jueves, 22 de marzo de 2018

JÓVENES PREPARADOS.


Toda la vida pensé que la palabra "preparado" era una adjetivo hasta que la constante insistencia en expresiones del tipo "tenemos la juventud más preparada de la historia", "jóvenes sobradamente preparados" y tantas otras me han llevado a darme cuenta de lo que la palabra significa.
Sospecho que "preparado" es en realidad una palabra que consta del prefijo "pre", es decir, antes de, y "parado", es decir, sin trabajo.
En consecuencia, o "por consiguiente", como diría Felipe González, cuando decimos que un joven está "preparado" lo que en realidad queremos decir es que todavía no está parado pero que lo estará cuando llegue el momento, es decir, cuando termine su preparación.
¡Jóvenes, si no queréis estar preparados tendréis que estar muy preparados!

viernes, 9 de marzo de 2018

MATERIALISMO HISPÁNICO.


España es materialista. No en el sentido en que lo fueron los materialistas franceses del XVIII. Menos aún en el sentido en que lo fue Marx.
Aquí somos materialistas en su sentido más literal y mostrenco: podemos comprender qué es una ladrillo porque lo podemos ver, tocar con las manos y, ya puestos, arrojárselo a alguien.
Resultado de imagen de DUELO A GARROTAZOS

Más de uno me ha preguntado si realmente un director de orquesta hace algo. Eso de ver a un señor agitando los brazos y asociarlo con la música que está sonando nos parece que no guarda relación con algo real. Nuestra mente nos da para entender qué hace un pianista dado que comprendemos la relación entre alguien que toca unas teclas y el sonido que produce: ahí vemos un contacto físico directo.
Cualquier otra cosa nos parece ya magia, ya embeleco.
En España no creemos en Dios pero sí que podemos captar el sentido de una escultura de Cristo o de la Virgen, porque somos más dados a la imagen que al concepto.
Podremos ser una país de fanáticos pero jamás de teólogos.
De la filosofía, para qué hablar.

domingo, 18 de febrero de 2018

EL RETRATO Y LA FOTOGRAFÍA.

¿Es cierto aquello que se dice sobre los relojes parados, que dan dos veces al día la hora exacta?

En un uso coloquial se entiende lo que la  broma quiere mostrar: la poca exactitud que muestran los relojes, sobre todo los que han de ser reanimados con cuerda o los que se alimentan con pilas.
Ahora, cuando toda una nueva generación se ha acostumbrado a consultar la hora en el teléfono móvil, vamos camino de que esa broma pierda su sentido y día llegará en que a los niños les resulte tan arcana la interpretación del sentido de las agujas del reloj como  a mí entender cómo se halla el peso en una romana.

Si del ámbito coloquial pasamos al terreno más estricto de lo que es el tiempo, tendremos que decir que un reloj parado no da la hora exacta dos veces al día, al contrario, no la da nunca.
El tiempo está formado de instantes, pero los instantes también fluyen, son temporales. Un instante no es un punto detenido en el tiempo. Si así fuera, la suma de instantes no podría dar como resultado una realidad temporal.
Una fotografía es estática. La rápida sucesión de fotografías estáticas produce la ilusión de movimiento. Esa es la base del engaño a los sentidos que supone la invención del cinematógrafo.
El tiempo es consuntivo. Realizar una fotografía es un intento de captar un momento de una vida que nunca se detiene. El precio que hay que pagar es el de captar la imagen pero perder la sucesión, el transcurso.
La fotografía muestra sin grandes reflexiones pero con la contundencia del gesto el anhelo de inmortalidad y la imposibilidad de la misma. Vivir es envejecer. No envejece el que no vive. Las personas que murieron jóvenes nunca envejecen, pues su imagen queda congelada en algún instante de su juventud, conservándose en la memoria de quienes las conocieron con la lozanía perenne pero engañosa de una vida truncada.
Es la misma sensación que experimentó aquel escalador que camino de la cumbre dio con el cadáver congelado de su padre y sintió una sensación de extrañeza al ver un cuerpo que mostraba ser más joven que el de su hijo en aquel momento. El padre estaba más joven que su hijo, pero como consecuencia del tributo que como él, tantos escaladores pagan a la montaña.
No obstante, el arte puede y debe desmentir a la realidad. Una fotografía no capta la realidad de la vida pero encierra otro tipo de realidad.
El instante captado, detenido, nos muestra la fugacidad bajo el prisma de la eternidad, una realidad imposible por contradictoria pero verdadera en cuanto a su afán.
Cuando la fotografía desplegó su vuelo, no dejó de haber personas que aseguraran que el tiempo de la pintura de retrato ya había pasado y que la fotografía había ocupado su lugar.
El retrato a lápiz que sobre una fotografía de mi madre ha realizado Luisa Domenech por encargo de una hermana mía como regalo de cumpleaños es una muestra de cómo, sobre una bella imagen obtenida de manera mecánica se puede lograr una recreación más bella aún, pero de total veracidad.
El instante robado a la sucesión por una mano anónima allá por el año 1947 es transcendido por la mano de la artista y dotado de una veracidad vital que la imagen mecánica no puede captar y sí es lograda por una mano tras la cual hay esfuerzo, trabajo, empeño y enorme talento.
La verdad del instante se capta mejor con el dibujo, tarea que se realiza en el tiempo, que con la fotografía, resultado mecánico de un instante.
Hay mayor verdad en el retrato que en la fotografía dado que el retrato se realiza en el tiempo, y ese tiempo de esfuerzo y de empeño dota al resultado de la veracidad vital que en la fotografía, aunque bella también, no puede estar presente.
Lo que en su día la cámara reflejó se nos muestra ahora como el resultado de lo que una mirada ha captado. La fotografía mostró un rostro ofrecido a la cámara. El retrato a lápiz nos devuelve esa misma imagen transcendida por una mano hábil al servicio de una mirada penetrante.

domingo, 11 de febrero de 2018

GRAMÁTICA INCLUSIVA.

El plural de "voz, palabra femenina, es "voces". El plural de "hoz", palabra femenina, es "hoces". El plural de "coz, palabra femenina, es "coces".
Quien lleva la voz, quien la porta, es un portavoz o una portavoz. El portavoz o la portavoz, si se trata de personas identificadas.
En español el género lo determina el artículo. El final en "o" o en "a" así como sus plurales en "os" o en "as" determinan el género en algunas palabras pero no en todas.
Tenemos ejemplos como "el policía", "el artista", "el niño autista", "la mano", "la soprano", "la contralto", "la dinamo".
Hace años, cuando aquella ministra dijo lo de "los miembros y miembras" cometió un error puesto que "miembra" no existe.
Hubo otro error que nadie advirtió: admitiendo como hipótesis de trabajo su nuevo uso nadie constató que dijo "LOS miembros y miembras", dando preeminencia al artículo determinado masculino plural, cuando de haber creído de verdad el uso que defendía tendría que haber dicho "LOS miembros y LAS miembras".
Decimos de un hombre que es un machista y no un machisto.
Si alguien quiere decir que los romanos y las romanas lucharon contra los cartagineses y las cartaginesas lo puede hacer, pero a los diez minutos dirá "romanos" y "cartagineses".
Si digo que estuve en Barcelona cinco días, no tengo que añadir que estuve cinco días con sus correspondientes noches.

El género es una cosa y el sexo otra. La carretera es femenina pero no es una hembra.