jueves, 18 de julio de 2013

HOY CUMPLO 25 AÑOS.


Sí, es cierto. No es un inverosímil engaño provocado por ninguna coquetería propia de la edad.
Hace hoy exactamente 25 años que aprobé las oposiciones al cuerpo de profesores, entonces llamado Cuerpo de profesores agregados de Bachillerato. 25 años como profesor de instituto en suma. Ya tenía experiencia previa como profesor en algún colegio e incluso antes, pues mis primeras clases las di en el ejército para compañeros que querían obtener el graduado escolar.
En estos años he intentado hacer mi trabajo lo mejor que sé. Sin duda no soy el que más sabe e incluso puede que no sepa muchas cosas pero las que sé creo que las sé bien e intento ser claro.
Muchos afanes se han quedado en el camino. Los años hacen mella y la energía no es la misma.
Los institutos tampoco son los mismos. Entonces, siendo joven, mi opinión era escuchada como mínimo con respeto. Hoy apenas hay debate ni discusión en los centros.
He sido profesor en los institutos Felipe II y Mariana Pineda de Moratalaz. Posteriormente estuve 14 años en Parla, en el instituto Parla II. En Parla es donde he sido más feliz como profesor. Actualmente estoy en el instituto Al-Satt de Algete, donde a grandes rasgos estoy contento con mis compañeros y alumnos, pero no con la situación actual de la enseñanza.
25 años dan para mucho. He vivido momentos difíciles pero también momentos muy gratos. He procurado aprender siempre, de mis compañeros pero también de mis alumnos.
Son estos alumnos los que van a tener que luchar con fuerza para lograr que podamos vivir en un país con más cultura y con más honestidad.
He sido profesor porque probablemente no sé hacer otra cosa.  Vivo de la palabra, es mi arma y ahí tengo la fuerza y los músculos que la naturaleza ha negado en mi cuerpo.
En lo que yo pueda, intentaré luchar para que el sistema público de enseñanza sea un referencia y no quede reducido a una función marginal y asistencial.
Un abrazo a todas aquellas personas que han hecho posible que mal que bien, realice mi trabajo.




jueves, 20 de junio de 2013

JUSTICIA HUMANA Y DIVINA.

El muy honorable Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, ante las acusaciones de corrupción a que se ve sometido por parte del fiscal, ha dicho, como gran ocurrencia, que la palabra del fiscal no es la palabra de Dios. Con ello ha querido restarle importancia a las investigaciones del fiscal.
Parece mentira que un alto responsable político utilice semejante argumento. Está claro que la palabra del fiscal ni es ni debe ser la palabra de Dios, entre otras cosas, porque desde hace más de 200 años en Europa hemos salido de la TEOCRACIA, y con todas las limitaciones e insuficiencias que se quiera, pretendemos estar en una sociedad laica.
La justicia, al igual que las leyes políticas y las investigaciones científicas, se debe mover de acuerdo con criterios y procedimientos racionales, en constante revisión y por supuesto falibles.
Expresar como reproche que la palabra del fiscal no es la palabra de Dios denota o bien ignorancia o bien mala fe, cualidades ambas de las que está sobradamente dotado nuestro personaje.


lunes, 17 de junio de 2013

PELMAS.

En el trabajo se dan tres tipos de gentes: amigos, compañeros y pelmas que se montaron en tu mismo vagón.
Los amigos siempre son pocos y así ha sido siempre excepto en Facebook.
Los compañeros son mayoría: con ellos las relaciones son correctas pero sabes que cuando acabe el viaje probablemente no te los encontrarás con mucha frecuencia.
Los pelmas ahí están. No son muchos pero son constantes y pertinaces en su estulticia. La única esperanza que te queda es que se bajen en alguna parada próxima y te dejen tranquilo en tu viaje. Otra posibilidad es que sea uno el que se canse y se baje antes de tiempo.
El que resiste gana.


miércoles, 5 de junio de 2013

A VUELTAS CON LAS OPINIONES.

1)    Tengo derecho a dar mi opinión.
2)    Todas las opiniones son respetables.
3)    Tú no vas a cambiar mi opinión ni yo la tuya.
¿Quién metería en los cerebros de la gente estas tres tonterías?
1.     A las opiniones no se tiene derecho natural, hay que “currárselas” y la forma de hacerlo es mediante razones y argumentos.
2.     No todas las opiniones son respetables ( las de Hitler, por ejemplo, eran una porquería ).
3.     Si de entrada no voy a cambiar mi opinión por más que el otro me argumente, estamos enterrando a la razón y a la vida civilizada. Para eso no hace falta hablar, es suficiente con registrar una estadística de lo que cada uno piensa, cosa muy importante en sociología pero irrelevante en el terreno del razonamiento.


sábado, 1 de junio de 2013

Dios y economía.

La idea de que Dios creó el mundo a partir de la nada está en el origen de la inflación.
Entre otras cosas, con la inflación se produce un aumento de la masa monetaria no respaldado por la riqueza real. No hay nada menos rico que la nada, pues esta es la ausencia de realidad y por tanto la ausencia de riqueza.

Keynes
Una creación a partir de la nada supone, de acuerdo con Keynes, una actuación absolutamente anticíclica. Si Dios hubiera sido un economista ortodoxo, hubiera dejado que el ciclo actuara por sí mismo, y por lo tanto, hubiera dejado a la nada que continuara por toda la eternidad en su absoluta desnudez de ser.
Con la creación del mundo vino la lucha por la vida, la guerra, la enfermedad y todas las calamidades que no tenían lugar en la total ausencia de la nada. ¿Cómo compaginar el mal, el dolor, el sufrimiento y la injusticia con la idea de un ser todopoderoso y bueno? Esa será la gran cuestión de toda teodicea.
El propio acto de decidir la creación supone un movimiento en Dios, ser perfecto, que los más agudos teólogos no conseguirán explicar nunca con claridad y que llevará a estos teólogos a enredarse en sutilezas sin cuento.
En el acto de creación hay una heterodoxia fundamental. El mundo es gratuito de acuerdo con esta visión, y por tanto, siempre defectivo en cuanto a la justificación de su existencia. El mundo es contingente. Esta es la verdadera heterodoxia. El panteísmo es en sentido profundo mucho más ortodoxo.
La heterodoxia creacionista, como en el fondo se sabe tal, es irritable y por eso dada a la persecución.
Lo que hay, el mundo, es fruto de un acto de voluntad, y en este sentido es algo forzado y siempre en desequilibrio. Descartes culmina esta forma de ver al equiparar la permanencia de lo creado con una recreación constante. El mundo pende de Dios para su permanencia. Dejado a su natural ser desaparecería. Dios tiene que ser intervencionista.
El Dios de Epicuro sí que es un Dios ortodoxo desde el punto de vista económico. Se desentiende del mundo hasta el punto de la total indiferencia. Puede que el epicureísmo sea la mejor teología para los poderosos de hoy. Permite que se disfrute suave y amablemente de los placeres siempre que no nos preocupemos mucho por cómo hemos llegado a adquirirlos si tenemos suerte en nuestra situación y también nos permite gozar de la amable conversación de manera inocente. Epicuro hace que se pueda hablar de los dioses y del mundo bajo el expediente de una mutua indiferencia. Epicuro es la despreocupación hecha filosofía. Parece la más inocente de las filosofías pero quizá sea la menos inocente de todas. Los amables jardines donde los epicúreos se solazaban en la conversación inteligente ocultaban el trabajo esclavo necesario para mantenerlos.
 Toda despreocupación encierra un acto deliberado de olvido.



jueves, 30 de mayo de 2013

TABACO Y CASINO.

He oído al consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid justificar un cambio en la legislación para que se pueda fumar en los locales del gran casino que se va a instalar en Alcorcón.
Uno de sus argumentos se basa en que él cree en la libertad. Compara los daños del tabaco con los que produce el tráfico de vehículos y dice que sería absurdo impedir el tráfico por el hecho de que haya accidentes.
Ilustre consejero: llevo muchos años fumando y supongo que eso dañará mi salud pero desde luego no ha dañado tanto mis neuronas y las tengo en mejor estado que las suyas (debe de ser algo de nacimiento ).
Una muerte por tráfico es un ACCIDENTE. Una muerte por tabaco es una CONSECUENCIA.
No hay relación analítica entre el tráfico y los accidentes ( en condiciones ideales no habría accidentes).
Sí la hay entre el tabaco y sus consecuencias.

Esto lo sabe cualquier persona que sepa razonar. Un consejero de sanidad que dice tales cosas es un indigno.

lunes, 20 de mayo de 2013

En la muerte de Videla


Jorge Rafael Videla
Ha  muerto Jorge Rafael Videla,  presidente de facto de la República Argentina entre 1976 y 1981.
Videla ha sido con toda seguridad el más siniestro de los dictadores que haya tenido la Argentina en el siglo XX y uno más de los infames personajes que ese siglo nos dio.
Con todo, Videla es la culminación, el exponente de una situación que fue común en Argentina desde que en 1930 las fuerzas armadas derrocaran al presidente Hipólito Yrigoyen.
Desde 1930 hasta 1983, con la toma de posesión del Alfonsín, fueron habituales las interrupciones de los procesos constitucionales y la asunción del poder por las fuerzas armadas.

El peronismo, movimiento político extraño, con componentes populistas, nacionalistas e incluso fascistas y movimiento con una gran fuerza sindical, consiguió dar un mensaje que aunado a una legislación de previsión social novedosa para la sociedad argentina, logró calar en amplias capas populares a la vez que provocaba el odio y la crispación tanto de elementos democráticos como de sectores oligárquicos. En 1955 las fuerzas armadas depusieron a Perón, curiosamente un general, e instalaron un régimen militar bajo el nombre de Revolución Libertadora. El hombre más destacado de la nueva situación fue el general Aramburu. Un regreso al régimen constitucional dio paso a la presidencia de Arturo Frondizi, que sin embargo, acabó sucumbiendo a las presiones militares.

Hipólito Yrigoyen

La presidencia de Arturo Illía, en 1963, acabó de manera abrupta con el golpe de Estado del general Juan Carlos Onganía, en 1966, que suprimió las actividades de los partidos políticos y de las centrales sindicales. Este proceso militar fue conocido bajo el nombre de Revolución Argentina. Un fuerte movimiento de oposición popular que tuvo como centro la ciudad de Córdoba y que fue conocido como el “cordobazo”,junto con el secuestro y asesinato del ex presidente Aramburu por la guerrilla peronista de los Montoneros provocó que los propios compañeros de armas de Onganía le retiraran la confianza y que fuera sustituido al frente de la república por el general Levingston en 1970.
Arturo Illía

En 1971, la junta de comandantes en jefe, presidida por el general Alejandro Lanusse, obligó a Levingston a dimitir, siendo sustituido por el propio Lanusse como presidente de la República. Este último decidió convocar elecciones y volver al régimen constitucional. Las elecciones se convocaron para marzo de 1973 y a ellas intentó presentarse en un principio el general Perón, ausente de Argentina durante 17 años y exiliado en Madrid. Para ello regresó a la Argentina a finales de 1972 pero Lanusse, amparándose en excusas de tipo administrativo impidió su candidatura y Perón renunció a favor de su colaborador Héctor Cámpora. Este se presentó bajo las siglas del Frente Justicialista de Liberación y obtuvo una amplia victoria bajo el lema de “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Cámpora tomó posesión de su cargo el 25 de mayo de 1973. Si bien Cámpora, peronista escorado hacia la izquierda, intentó gobernar de pleno, en seguida se le hizo ver que su función era la de un simple testaferro del general todavía exiliado en Madrid, y tras su dimisión y la de su propio vicepresidente Vicente Solano Lima, hubo que convocar nuevas elecciones a las que, en esta ocasión sí se pudo presentar el general Perón, que las ganó ampliamente, acompañado por su mujer María Estela Martínez de Perón como vicepresidenta. Juan Domingo Perón tomó posesión de su tercer mandato el 12 de octubre de 1973.
Juan Domingo perón
Este último mandato de Perón se vio ensombrecido por sus problemas de salud y por el enfrentamiento dentro de sus filas de dos sectores: un sector izquierdista, los montoneros, y un sector de la extrema derecha encabezado por el siniestro José López Rega, líder de la llamada Triple A (Alianza Anticomunista Argentina ). Perón acabó repudiando a los montoneros, a los que de hecho expulsó de la Plaza de Mayo.

En julio de 1974 falleció el general Perón y su viuda, María Estela,  Isabelita, accedió a la presidencia de la República. Se apoyó con fuerza en el ministro de bienestar social, José López Rega. Los montoneros pasaron a la clandestinidad y a la lucha armada. Otro grupo, el Ejército Revolucionario del Pueblo, emprendió acciones armadas en la provincia de Tucumán. Los actos terroristas se sucedieron, y junto ellos, la respuesta del ejército. Junto a estos problemas hubo que añadir las consecuencias negativas que para los ahorros tuvo una hiperinflación a la que el gobierno no parecía capaz de hacer frente.
Juan Carlos Onganía
En el ejército preocupaba especialmente la situación en la provincia de Tucumán. Las fuerzas armadas, educadas en la doctrina de la seguridad nacional propia de la guerra fría veían las acciones de la guerrilla como un claro peligro de subversión y se fueron haciendo cada vez más partidarias de erradicar el terrorismo por medios que no tuvieran en cuenta lo que ellas consideraban como cortapisas legales. En 1975 el gobierno de la viuda de Perón emitió un decreto en el que facultaba a las fuerzas armadas a emplear todos los medios necesarios para la erradicación del terrorismo. Este decreto sería utilizado por la dictadura posterior como un intento de justificación de sus acciones.
En agosto de 1975 el comandante en jefe del ejército, general Alberto Numa Laplane, se vio obligado a renunciar a su cargo por las presiones de otros compañeros de armas que lo consideraban en exceso “constitucionalista”. Su sustituto en el cargo fue el general Jorge Rafael Videla.
Los últimos meses del gobierno de Isabelita Perón fueron caóticos en todos los órdenes. Cada vez menos sectores dentro del propio peronismo reconocían su autoridad. La inflación y las acciones terroristas se sucedieron, así como la represión del ejército en la provincia de Tucumán.
La fecha del 24 de marzo de 1976 como la que señalaría el golpe de estado era conocida por la opinión pública. Se hablaba claramente en la prensa de dicha fecha.

El 24 de marzo de 1976, María Estela Martínez de Perón, tras acabar su jornada oficial en la Casa Rosada, tomó el helicóptero que, como de costumbre, debía dirigirla hacia su residencia de Olivos, pero en esta ocasión el helicóptero no se dirigió a su habitual destino sino hacia una base militar donde la ya ex presidenta quedó detenida. Se formó una junta militar presidida por el general Jorge Videla en su calidad de Comandante  en Jefe del Ejército y formada además por el almirante Massera como representante de la armada y por el brigadier Agosti como representante de la fuerza aérea. El nuevo régimen de tipo militar se calificó a sí mismo como Proceso de Reorganización Nacional y el general Videla asumió rápidamente, junto a la presidencia de la junta la de la República, convirtiéndose en un nuevo presidente de facto.
María Estela Martínez de Perón ,Isabelita
Quedaron suspendidas las actividades de los partidos políticos y centrales sindicales y se disolvió el cuerpo legislativo.
El nuevo gobierno fue bien recibido por un sector de la opinión pública preocupado por el progresivo desorden público y por la inflación. También el golpe fue bien recibido por el sector empresarial y por la jerarquía de la iglesia católica.
La represión, que ya se había iniciado bajo el gobierno constitucional adquirió una intensidad inusitada. Empezaron los secuestros por fuerzas de la seguridad del estado de aquellas personas consideradas como subversivas. La práctica de la tortura se hizo habitual, especialmente en la Escuela de mecánica de la armada. En la provincia de Tucumán el ejército actuó sin ningún tipo de limitación.
Cada vez fue más frecuente no tener noticias de las personas secuestradas por las propias fuerzas de seguridad del estado. Empezó el fenómeno de los desaparecidos.
El general Videla pretendía defender ante la opinión internacional su proceder como un intento de reorganización del estado para que se acabara definitivamente con los movimientos pendulares entre gobiernos constitucionales débiles y gobiernos militares fuertes, pero sus explicaciones no convencían a la comunidad internacional. Los desaparecidos pesaban ante cualquier intento de justificación y los exiliados empezaron a llegar a Europa.
Junto a la represión meramente militar, también se produjo una regresión cultural. Se llegó a considerar como peligrosas cosas como la manera de vestir de los jóvenes e incluso ciertos contenidos educativos como las matemáticas en el aspecto de la teoría de conjuntos.
Se volvió a una exaltación de los valores de tipo tradicional.
En cuanto a la política económica, el ministro de economía Martínez de Hoz se aplicó a una política ultraliberal para la cual no tuvo que hacer frente a ninguna oposición efectiva dada la represión de las actividades sindicales.
El nuevo régimen, ante las acusaciones de graves violaciones de los derechos humanos, buscó la complicidad de la opinión pública utilizando para ello un nacionalismo siempre presente en gran parte de la sociedad argentina. Como ejemplo de ello, muchos automovilistas llevaban en sus vehículos pegatinas con la leyenda “Los argentinos somos derechos y humanos”. Tampoco se dudó en instrumentalizar a los alumnos de la escuela secundaria, a los que no se dudó en lanzar a las calles con canciones en cuyas letras se hacían burlas de los derechos humanos.
Una ocasión que no fue desperdiciada por el régimen para su propia propaganda fue la celebración en 1978 del campeonato mundial de fútbol. La selección argentina logró alzarse con el trofeo tras vencer a Holanda, pero siempre quedará la duda del partido de clasificación contra Perú en el que la selección de Argentina venció por 6 a 0, justo el tanteo que necesitaba para clasificarse. La entrega de la copa de campeona del mundo por parte de Videla al capitán de la selección, Passarella, quedó como uno de los momentos de mayor gloria del régimen.
La situación de los desaparecidos no era desconocida por la mayor parte de la opinión, pero se impuso un ambiente de silencio y cuando se hacían comentarios eran frecuentes frases del tipo de “algo habrá hecho” o “no te metas”.
Un grupo de madres de desaparecidos empezó a dar vueltas de forma silenciosa a la plaza de Mayo. Fueron conocidas como las madres de la plaza de Mayo. Su actitud fue calando como una lluvia fina en la sociedad argentina. Poco a poco surgieron activistas como Adolfo Pérez Esquivel, que recibió el premio Nobel de la paz.
En 1978 Videla fue sustituido como comandante en jefe del ejército y jefe de la junta militar por el general Viola, pero permaneció en su cargo de presidente de la República de facto.
Los años de Videla al frente de la Nación fueron los más duros en lo que respecta a la represión. Se ha llegado a hablar de cifras próximas a los treinta mil desaparecidos. El propio Videla reconoció la existencia de desaparecidos, pero lo vio siempre como una consecuencia inevitable de la guerra contra la subversión.
En la segunda mitad de los años 70, en eso que de forma tan fea se ha llamado el cono sur, hubo un momento determinado en que sólo dos países mantuvieron un régimen constitucional: Venezuela y Colombia, si bien en el caso de este último país siempre había que recurrir a leyes de excepción.
Videla fue un exponente claro de la doctrina de la seguridad nacional, que en los años de la guerra fría justificaba las actividades de cualquier régimen, por despótico que fuera, como un mal necesario en la lucha contra el comunismo.
El proceso militar argentino, a diferencia del de Chile con Pinochet, siempre estuvo regido por la institucionalidad militar más que por el protagonismo personal. Videla acumuló los cargos de presidente de la República y jefe de la junta militar entre 1976 y 1978. En este último año fue sustituido al frente del ejército por el general Viola. En 1981 Videla abandonó la presidencia de la República a favor del propio Viola.

El llamado proceso de reorganización nacional continuó con los presidentes Galtieri y Bignone.
Leopoldo Galtieri
Galtieri, en una aventura mal calculada, precipitó el fin de la dictadura militar al invadir las islas Malvinas previendo que el Reino Unido no lucharía por recuperarlas. Ignoraba que el gobierno de la dama de hierro no se conformaría con asistir impávido ante este hecho. La derrota de Argentina en la guerra contra el Reino Unido precipitó la caída de Galtieri, que fue sustituido por el general Cristino Nicolaides al frente del ejército y por el general Bignone como presidente de la República. Este último dio fin a la experiencia militar con un llamamiento a elecciones de las que resultó vencedor Raúl Alfonsín, de la Unión Cívica Radical, que tomó posesión de la presidencia de la República en diciembre de 1983.
Alfonsín dio pasos encaminados a juzgar las actividades de las tres primeras juntas militares y Videla, junto con sus compañeros de armas fue juzgado y condenado a cadena perpetua. Posteriormente, el gobierno del peronista de derecha Menem promulgó las conocidas como leyes de punto final y obediencia debida, que exoneraron de la condena a Videla y otros militares.

Una acción judicial iniciada en España por el juez de la audiencia nacional García Castellón y posteriormente retomada por el juez Garzón consiguió establecer una jurisdicción universal de acuerdo con la cual los delitos de lesa humanidad son universalmente perseguibles y no prescriben. Esto, junto con la nueva actitud del presidente Kirchner hizo que se reactivaran los procedimientos contra Videla. Junto a las causas por desaparecidos se añadieron las de secuestros de niños de madres que estaban en cautividad.
Videla en sus últimos años
Videla fue condenado por estos hechos y volvió a ingresar en prisión, donde ha fallecido el pasado día 17 de mayo.
La figura física de Videla era la de un hombre enjuto. Su forma de hablar era pausada y fría. Su proceder corresponde al de alguien que está convencido de que su actuación es la correcta. Jamás mostró arrepentimiento por sus decisiones. Su crueldad no era la del hombre sanguinario sino la del funcionario que piensa que está realizando una acción correcta a favor de la defensa de la sociedad y de la civilización.
Recuerda bastante su figura y proceder a lo que Hannah Arendt denominó como la banalidad del mal.
En las entrevistas que concedió a medios y televisiones extranjeros aparecía siempre como un hombre reposado, educado y con cierta tendencia didáctica a la hora de explicar las intenciones que le movían tanto a él como a su régimen.
En vano buscaremos en sus gestos nada parecido a la fanfarronería ni al exabrupto.
Eso sí, no le recuerdo en ninguna de esas entrevistas nada parecido a una sonrisa.