lunes, 26 de junio de 2017

MI CARNÉ Y "LA GALLEGA".

La mayoría de edad, 18 años, da derecho a votar y, lo que es más importante, da derecho a sacarse el carné (lo escribo tal como manda la Real Academia) de conducir.
Sin más mérito que haber nacido antes gano a los nuevos mayores de edad en lo que a votar se refiere, pues lo he hecho desde el 6 de diciembre de 1978, cuando se aprobó la Constitución, y he participado en las elecciones generales de 1979, 1982, referéndum de la Otan en 1986, generales del mismo año, 1989, 1993, 1996, 2000, 2004, 2008, 2011, 2015 y 2016. Dejo de lado las distintas elecciones locales, autonómicas y europeas.
En lo que también gano a los jóvenes es en el carné de conducir, y no porque yo lo tenga de mucho antes (1979) sino por la persona que me dio el aprobado.
En aquellos años el examen se realizaba en Carabanchel, cerca de la vía Carpetana. Recuerdo que había un bar que tenía un letrero como reclamo: "si quieres aprobar, toma tila en este bar".
El examen práctico, una vez superada la fase de maniobras, tenía la de circulación. Había una examinadora que tenía fama de "hueso", hasta tal punto que los instructores de la autoescuela procuraban que no nos tocara con ella. Era conocida como "la gallega". Por supuesto, me tocó "la gallega". Por supuesto me suspendió. Dijo que no había mirado lo suficiente al retrovisor.
Pasados no sé si quince días, volví a presentarme al examen, con tal suerte que me volví a encontrar con mi simpática examinadora. Mi instructor trató de tranquilizarme diciéndome que, en principio, a los examinadores no les gustaba suspender muchas veces a la misma persona. Me puse al volante, miré al retrovisor con insistencia y traté de conducir como mejor sabía hasta que "la gallega" me dijo que detuviera el vehículo. A continuación se dirigió a mí diciendo: "está usted aprobado pero conduce usted fatal".
No sé qué fue lo que no le gustó de mi conducción, pues no recuerdo haber cometido ningún error, pero en todo caso, tenía ya en mi poder un carné y no uno cualquiera, uno otorgado, con todas las reticencias que se quieran, por "la gallega".

Mi carné, por tanto, vale más. 

miércoles, 14 de junio de 2017

¡INSURRECTO!

Hay palabras sonoras, contundentes, que aun sin saber lo que significan, te llevan a pensar que se refieren a algo importante.
Una de esas palabras es "insurrecto". Se la oí por primera vez a mi abuelo paterno, al que llamábamos "el yayo", en Barcelona.
Era el yayo hombre de pocas palabras, elegante con su bastón, que agitaba amenazadoramente cada vez que un conductor no respetaba el paso de cebra. Lo vi pocas veces, más que viejo avejentado por un corazón enfermo.
Los últimos años solía pasar las horas ante el televisor, que para él constituía novedad.



Lo recuerdo casi siempre callado pero con frecuencia una imagen de la televisión hacía que se levantara indignado. Ocurría cada vez que aparecía Franco, ya sea recibiendo en audiencia a alguna comisión, practicando pesca o presidiendo algún desfile. Cuando esto ocurría, y ocurría no pocas veces, invariablemente se levantaba, se dirigía hacia el televisor y decía en voz alta:"¡Insurrecto!". tras lo cual se marchaba del salón.
No era el yayo hombre de ideas revolucionarias, ni mucho menos. Probablemente fuera más bien hombre de orden, eso sí, de un orden desaparecido al que seguía siendo fiel.
La tradición comunista ha tenido su escuela de comentadores. También el anarquismo, el socialismo, no digamos ya los distintos nacionalismos. El republicanismo en sí no ha tenido la misma suerte.
Recientemente el descubrimiento de grandes periodistas y escritores como Chaves Nogales ha reparado en algo ese olvido pero hoy día no hay herederos.
"¡Insurrecto!" pronunciado por mi abuelo era una protesta ante quien para él no había respetado un juramento. No era un llamamiento a la insurrección sino una queja por la misma.

Lealtad a algo ya desaparecido. 

sábado, 10 de junio de 2017

¿DIOS ES AMOR?

Recuerdo que mi primera actuación en público fue durante unas navidades. Se me encomendó un texto que debía memorizar y declamar en la iglesia. Aun para los cinco años que yo debía de tener por entonces el texto no me pareció que ofreciera dificultades excesivas.
Según se me dijo, a una señal convenida, yo debía subir no sé si al altar o escenario y pronunciar la siguiente afirmación, con voz clara y sin titubeos: ¡Dios es amor!. Mientras esperaba el momento de mi estelar actuación me iba repitiendo para mí mismo "Dios es amor, Dios es amor, Dios es amor....". Parece que el texto, no excesivamente complejo en verdad, lo pronuncié sin vacilaciones ni errores. Recibí un premio por tan brillante actuación pues fui obsequiado con una armónica.
No sé a día de hoy muy bien quién es Dios o qué es Dios. Lo que sí sé es que quienes bajo distintas confesiones lo invocan para atentar contra niños inocentes, gente que simplemente quiere divertirse o personas que tienen la fatalidad de cruzarse en el camino de sus designios criminales, puede que crean que creen en Dios pero desde luego en lo que no creen es en el amor.
Más les valiera a esas personas que no existiera el Dios al que invocan, pues de existir, no serían perdonadas jamás.

Quizá ese Dios del amor se refiera a la generosidad de quien con las solas fuerzas de un patín fue capaz de hacer frente al odio. Se ha mencionado, y con razón, su valentía. Yo creo que también es un gesto de amor infinito, un acto divino.

miércoles, 7 de junio de 2017

¿INDEPENDENCIA?

Ya se sabe que el castigo más severo que los dioses pueden infligirnos es el de que todos nuestros deseos se cumplan.
Si después de tanto empeño los independentistas catalanes (minoría activa en medio de una mayoría envuelta en la espiral del silencio) alcanzaran su deseo de constituir una República Catalana, más pronto que tarde se darían cuenta de que en vez de separarse de "Madrid", abstracción de "España", se han separado en realidad de Fraga y Vinaroz, localidades próximas y hermanas.
En vez de "independencia", que debiera aludir a libertad, habrán logrado enclaustramiento y empequeñecimiento.
Pasada la ebriedad de su logro, verán que sus hospitales y escuelas no cumplen su labor mejor, puede que incluso peor, si cabe.
En vez de una fiesta discutida, como el 12 de octubre, celebrarán otra, quizá el 11 de septiembre o el nuevo día que señale su liberación. Marcarán el paso ante su presidente no sé si con un nuevo ejército pero sí con sus Mossos.
Cuando surjan protestas estos mismos Mossos sacudirán con su conocida contundencia, pero la población liberada puede que por un momento se sienta feliz de que le peguen los suyos en vez de los de fuera (el mundo de las perversiones sexuales es amplio y diverso).
Durante un tiempo habrá polémica acerca de dónde debe jugar el Barça. Del Espanyol nadie se ocupará (periquitos, sois insignificantes hasta para eso).
¿Tienen la culpa los fanáticos? No. A un enfermo no se le puede culpar.
Sí que tienen responsabilidad los ignorantes, porque la ignorancia sí es culpable. Los que confunden la guerra de Sucesión con una guerra de secesión. Los que, por increíble que parezca, confunden la Guerra Civil con una guerra entre Cataluña y España.
Lo peor, los que olvidan que el progreso discurre de la tribu a la aldea, de la aldea a la ciudad y de la ciudad al mundo.
Cómo una causa tan reaccionaria puede ser vista como algo avanzado es un misterio ante el cual el de la Santísima Trinidad palidece por excesivamente simple.

Mientras tanto, tranquilo, Don Mariano. Puede estar años ante tanta estulticia como tiene enfrente.

lunes, 5 de junio de 2017

EL CATEDRÁTICO Y SUS DIFICULTADES.

Me parece que fue en el tercer curso de carrera. El catedrático encargado de impartirnos la asignatura de Ontología (qué cosa sea esa no lo voy a explicar) se dirigió a nosotros y en lugar de la esperada presentación, saludo o cualquiera de las fórmulas habituales en estos casos pronunció un "disculpen ustedes" tras lo cual a continuación extrajo de su boca la dentadura postiza que usaba y la depositó sobre su mesa. Como toda explicación se permitió un conato de gracia: "tengo dificultades odontológicas, que no ontológicas".
No era aquel señor el único ser excéntrico con el que topé en la facultad aunque puede que fuera el que con su actuación me provocara mayor repugnancia.
Estábamos ya en tercer curso, era tarde para cambiar de carrera y no me quedó más alternativa que proseguir unos estudios de filosofía para los que en lo más íntimo de mi ser siempre he pensado que no estaba dotado.
La filosofía es para mentes poderosas y la mía es curiosa, pero poderosa no lo sé.

Quizá tendría que haberme decantado por la odontología.

domingo, 28 de mayo de 2017

PEDRO SÁNCHEZ, ¿ DE ELBA A SANTA ELENA?

Hay acontecimientos de la Historia que, prescindiendo de su sentido más profundo, me producen hilaridad. Uno de ellos es el del orondo rey Luis XVIII de Francia, saliendo por una puerta de las Tullerías cuando Napoleón, escapado de la isla de Elba, prácticamente entraba por la otra. Me imagino la cara de sorpresa y estupefacción de más de un consejero del rey cuando vio aparecer por el horizonte el capote gris del corso al que ya daban por sepultado.
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Luis XVIII
El pasado domingo algo parecido ocurrió en la celebración de las primarias de los socialistas cuando Pedro Sánchez, dado por muerto por toda la caterva de viejas glorias, encabezadas por Felipe González, Guerra, Zapatero, Ribalcaba y tantos más, se impuso a Susana Díaz. El mal perder de la sevillana sólo era comparable al silencio de las viejas glorias, inspiradas por un abuelo cebolleta que quizá debiera plantearse dejar su carnet y de paso dejar de dar la brasa con sus consejos de experto que cada vez me recuerdan más a las experiencias que en mi infancia nos contaba el capitán Tan, con sus viajes a lo largo y ancho de este mundo.
El impacto que Pedro Sánchez dejará en la historia no es comparable con el de Napoleón ( la historia se presenta dos veces, como tragedia y como farsa, que dijo Marx). Su levedad también tiene su lado positivo pues tampoco cometerá los crímenes que le petit caporal fomentó.
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Napoleón despidiéndose de la Vieja Guardia.
No aprecio de momento grandes cualidades en Sánchez. Me parece leve, poco firme, de pocas ideas y demasiadas ocurrencias. Con todo, reír, me he reído con su victoria. Fueran cuales fueran sus equivocaciones, la forma de echarlo me pareció de lo más feo que he visto nunca. Parecía que estaban persiguiendo a un delincuente. Sólo faltó que le enviaran una pareja de la Guardia Civil para detenerlo.
Puede que sea insustancial, pero la otra era un bicho, que siempre es peor.
Con todo, bueno sería que el viejo partido encontrara una salida digna, pues de lo contrario, desde la otra acera, Don Tancredo puede estar años fumándose su puro sin inmutarse.
Veremos qué pasa. Yo apuesto a que Rajoy va a estar 15 años como mínimo.
Tampoco me extrañaría que. tras su regreso de Elba, el guapo acabara en Santa Elena. Seguro que alguien está ya pensando en ello.





sábado, 20 de mayo de 2017

DISCURSO DE GRADUACIÓN 2017.

En primer lugar mi deber es agradecer al Director una vez más la confianza mostrada al permitir que os dirija estas palabras, aunque después de tantos años quizá sería más apropiado hablar de paciencia que de confianza, o puede que incluso de benevolencia, pues sabedor el director de la poca atención con que los alumnos suelen recibir mis palabras me otorga una oportunidad para que sea oído con más atención, no por el interés de lo que yo pueda decir sino por la solemnidad de la ocasión en que mis palabras van a ser pronunciadas.
A lo largo de estos años habéis tenido sobrada oportunidad de observar nuestras costumbres y modos de hacer. Puede que hayáis escuchado a Mamen ponderar las bellezas y encantos de Bolaños, dichas con tal pasión que pareciera que dicha localidad estuviera a la par de capitales europeas como París, Londres o Viena.
Quizá habéis escuchado de José Ángel alguna vez la expresión "hablando en plata" y puede que si en algún momento le habéis manifestado disconformidad con alguna decisión os haya respondido con su lacónico "es lo que hay".
Pablo os habrá llenado la pizarra, dando prueba de su prodigiosa memoria, con nombres de estadistas y fechas de acontecimientos, ya se trate de personajes muy conocidos como Lenin y Stalin o menos conocidos como Voroshilov; muy significados en la Historia de España como Cánovas y Sagasta o menos estudiados como Ruiz Zorrilla o Polavieja.

El mismo Pablo os habrá llevado alguna vez de excursión para explicaros, a paso de carga, el Madrid de los Austrias o el de los Borbones, fatigando con su veloz marcha a su público más joven, desmintiendo con su agilidad y presteza lo rotundo y contundente de su anatomía.
Alfredo, también profesor de Historia, puede que os haya hecho victima de su manía de preguntar, en vez de cuestiones claras y que todo el mundo encuentra en el libro, preguntas rebuscadas y dificilísimas de encontrar como la Segunda República o la Dictadura de Primo de Rivera....
Algunos habréis tenido en Tecnología a Raúl, el hombre de la calma, calma natural y no estudiada la suya, tan distinta de la mía, calma autoimpuesta en mi caso y no siempre lograda con la que he intentado luchar, no siempre con éxito, contra los inconvenientes de un temperamento volcánico que en más de una ocasión me ha causado disgustos en sus erupciones.
Asignaturas no cursadas en Segundo de Bachillerato pero muy presentes en cursos anteriores, como Educación Física, os habrán permitido apreciar la tranquila energía de Marta, desarrollando con sobriedad y sin ningún afán de adorno y lucimiento su labor, transmitiendo con ello no sólo el contenido de su asignatura sino el valor de lo esencial y auténtico.
Cómo olvidar al viejo Luis, ya jubilado, con esa forma tan peculiar de dirigirse a los alumnos, que en él era natural y eficaz y en cualquiera de nosotros causaría estupor.
En lo que a mí respecta, en estos años algunos habéis tenido sobrada oportunidad de observar mi manera de hacer. De mí se han dicho cosas que no responden a la verdad: se ha llegado a afirmar que tengo mala letra e incluso se ha llegado a sostener que no sé borrar la pizarra, insidias todas ellas que no tienen fundamento. Mi letra no es mala, es diferente. Si la pizarra no se borra se debe al natural desgaste del material. También se me han achacado actuaciones que no responden a los hechos sino que constituyen auténticas leyendas, como la de los golpes en la pizarra con el borrador. Falsedades todas ellas que responden sin duda a la malquerencia de algún enemigo. Puede que se me haya dicho de todo menos payaso aunque, quién sabe. Si alguien me lo ha dicho, yo no me acuerdo.

Seis años han pasado desde que ingresarais en nuestro centro para iniciar los estudios de Secundaria. Vuestra llegada coincidió con un año difícil para la comunidad educativa, en lo más agudo de la crisis económica y con protestas entre las que no faltó una huelga. Ante un conflicto como aquel, los profesores que entonces formábamos parte del claustro tomamos posición, cada uno según su manera de entender qué era lo correcto. Yo personalmente secundé las protestas. Otros compañeros juzgaron más acertado no secundarlas. En todo caso, fuera cual fuese la postura de cada cual, todos actuamos de acuerdo con lo que en conciencia juzgábamos ser lo mejor. Fue quizá una primera lección no deseada pero sí útil para vosotros de lo que es una sociedad libre y plural, con desavenencias que no deben nunca impedir la convivencia entre quienes pensamos cosas distintas
 El primer año no os di clase aunque ocasionalmente os fui conociendo al tener que encargarme de alguna guardia. Fue en Segundo de la ESO cuando ya a alguno de vosotros os di clase. He de confesar que no recuerdo el nombre de la asignatura, pues la eterna maldición española que hace imposible todo acuerdo entre las distintas fuerzas políticas, cada una con su plan de educación, hace posible que ahora mismo no sepa con exactitud si lo que yo impartía era Ética, Valores, Ciudadanía o vete a saber qué. Sea de ello lo que fuere, el hecho es que entonces empecé a conoceros a la mayoría de vosotros. Tuve más de un grupo en Segundo de la ESO: los alumnos de la sección, que en un principio me recibieron con cariño dado que yo iba a impartir mi materia en español y les apetecía descansar por un momento de su inmersión en el inglés. Era el grupo de la sección poco numeroso, siendo los chicos pequeñitos de estatura con la excepción de uno casi tan alto entonces como lo es ahora y que parecía el padre de todos ellos. Otro grupo me presentó en aquel momento más dificultades. Era un poco más numeroso y en él había que emplearse a fondo si se quería salir con bien. Aquí me empecé a encontrar incluso una versión en carne y hueso de Zipi y Zape, que en segundo iniciaron su trayectoria de travesuras conmigo, en cuarto de la ESO las perfeccionaron e incluso en Primero de Bachillerato se hicieron acreedores a más de una reprimenda por mi parte.
Puede que estas dos encarnaciones del clásico del comic hayan sido de los alumnos más reprendidos por mi parte, pero desde luego no han sido nunca odiados y pese a todo han sido apreciados por mí pues sus travesuras más se debían a fuerza juvenil y alegría de vivir que a falta de respeto, defecto en el que nunca incurrieron. Confío en que pese a todo, ellos tampoco hayan incubado sentimientos de odio o rencor hacia mi persona.
En algunos casos os conocéis desde pequeños. Algunos desde su nacimiento, pues también tenemos mellizos. Hay bonitas amistades que permanecen desde hace muchos años, como la de Alvarito y Víctor, la de Miguel y Nacho y tantas otras. También han surgido noviazgos, pero estos no los quiero glosar, pues el amor, que es para siempre, a veces se acaba antes que la amistad, que no se presenta con ese carácter de eternidad.
No ha sido fácil mi trabajo con vosotros en ocasiones. No es hoy  día de señalar culpas pero esa dificultad que a veces he tenido con esta promoción ha llevado a que me haya tenido que esforzar más y sin pretenderlo haya sido capaz de ir apreciando mejor vuestras cualidades.
Ha habido momentos en que ha prevalecido un buen entendimiento y otros en que, por el contrario, hemos tenido disputas y desencuentros. No quiere ello decir que nuestra relación haya sido mala pero sí ha sido viva y a veces demasiado intensa. No voy a realizar una apología del enfrentamiento pero en los desencuentros que haya podido haber se muestra que la convivencia, siempre difícil, ha sido viva y no indiferente.
En mi labor he intentado transmitir una idea: no es lo mismo ser mejores que ser los mejores.
En la medida, poca o mucha, en que he sido capaz, he intentado siempre que seáis mejores, no que seáis los mejores. Yo también he intentado ser cada día mejor, no ser el mejor, aunque sólo sea porque sé de sobra que no lo soy . Para mí más importante es saber que competir.
Estas consideraciones y esta mi manera de ser no me llevan a olvidar en qué mundo vivimos y cómo en él es necesario competir con otros, por lo tanto, no me he olvidado nunca de la necesidad de que los alumnos sean capaces de actuar con eficacia, pero en ello no he visto nunca un valor o un modelo y sí más bien una necesidad que no se puede soslayar. A veces hay que intentar ser el mejor porque así está planteada la cuestión, pero esa necesidad responde a la obligación de aceptar el campo de batalla con que la vida se nos muestra, no a la aspiración a un modelo de vida.
La necesidad nos lleva a intentar ser los mejores pero el estilo se muestra cuando uno intenta simplemente ser mejor.
El mejor sólo se define en relación con otro que es peor. Ser mejor , en cambio, tiene que ver con nosotros mismos y con los demás en la medida en que los otros puedan ser mejores si nosotros lo somos. Es la diferencia entre la competencia y la colaboración. La competencia se nos impone, no podemos eludirla y tenemos que estar preparados para hacerle frente pero la colaboración nos hace abiertos a la generosidad, a dar más que a conquistar.
Otro empeño que siempre he perseguido es el de que no separéis el estudiar del entender, dividiendo las materias entre aquellas que han de ser estudiadas y aquellas otras que han de ser entendidas, dedicando la mayor parte de vuestros esfuerzos a las segundas y tendiendo a menospreciar las primeras pues poco aprecio se puede sentir cuando se piensa que algo tiene que ser estudiado sin ser entendido. El peligro de esta manera de abordar el estudio radica en que uno se esfuerce más por saberse las cosas que por saber de las mismas.
No es lo mismo decir de algo "me lo sé" que decir "esto lo sé". Lo que simplemente "me sé" permanecerá en mi espíritu el tiempo mínimo para ser capaz de rendir un examen y luego irá desapareciendo sin dejar ningún poso. Cuando algo lo sé, con el tiempo se me borrarán los detalles pero permanecerá lo más importante, que es la comprensión. Si no comprendemos, no sabremos, aunque seamos capaces de obtener una buena nota. Mi manera de entender las cosas hace que le dé más valor al hecho de que alguien sepa y en consecuencia obtenga una buena nota a que alguien busque como primer objetivo la nota y en consecuencia estudie para obtenerla. Quien sólo haga esto último nunca disfrutará realmente de los placeres que el verdadero estudio otorga.
De ahora en adelante vuestra andadura será muy distinta. El paso de los estudios medios a los superiores coincide con el tránsito de la adolescencia a la primera juventud, pasáis de estudiar como obligación no discutida a estudiar dirigidos hacia una meta claramente profesional.
Vuestros estudios se van a centrar más en vuestros intereses más inmediatos. Muchos de los conocimientos que nosotros os hemos transmitidos los iréis olvidando. ¿ Qué quedará?
A veces oigo reproches de alumnos que protestan porque tienen que estudiar materias que no se corresponden con lo que piensan que va a ser su profesión. Es cierto que la escuela no puede darse por satisfecha con enseñar cosas inútiles, pero en la enseñanza media sería un error encauzar ya los estudios hacia una especialización prematura. Poco a poco uno se va decantando hacia aquellos estudios que más tienen que ver con sus gustos e inquietudes, pero un buen estudiante no debe limitar su atención exclusivamente hacia lo que piensa que va a tener una aplicación inmediata. La escuela no debe ser inútil pero tampoco puede limitar su función a ser una academia de adiestramiento.
 Una persona que sólo sabe de lo suyo, en el fondo acaba no sabiendo ni siquiera de lo suyo, pues el conocimiento está relacionado. Uno no debe limitarse al estrecho campo de su especialidad.
Lo mismo que afirmo del conocimiento lo afirmo de las creencias más íntimas. Más de una vez, cuando en mis clases he creído oportuno hacer alguna referencia a personajes como Moisés, San Pablo o el propio Cristo, me he encontrado con la objeción de personas que me decían que no sabían nada de tales personajes y que no les interesaba dado que ellos no eran creyentes. Yo solía responder en estos casos que una cosa es hablar de las convicciones y otra de un mínimo conocimiento cultural, pero notaba que mi respuesta no resultaba satisfactoria y decidía dar una respuesta más gráfica e intuitiva: les decía que cuando yo hacía alguna referencia a Zeus , no se debía por ello extraer la conclusión de que yo fuera politeísta.
La religión corresponde al ámbito más íntimo de la conciencia pero un conocimiento de lo que es nuestra cultura no se puede alcanzar sin entender la importancia que la religión, como factor cultural, ha tenido en la conformación de la misma. La cultura occidental no se entendería en plenitud si no tuviésemos un conocimiento aceptable de las aportaciones del cristianismo, el Islam o el judaísmo. Sin este bagaje cultural seremos incapaces de apreciar los secretos de muchos cuadros, esculturas, construcciones arquitectónicas, obras literarias y  musicales, y nuestro mundo será más pobre.
El acto de hoy es una celebración y por tanto un acontecimiento lleno de alegría. Es también una despedida y como tal, cierta tristeza no deja de estar presente. Seis años son muchos para bien y para mal. Quizá en el primer o segundo año tras vuestra salida alguien vendrá a visitarnos pero poco a poco iremos perdiendo el contacto, cada uno instado por sus propias urgencias. Así es, quizá así debe ser, es lo que hay, como diría una vez más José Ángel.
Nosotros, los profesores, somos personas que durante unos años estamos muy próximos a otras personas, nuestros alumnos, que al final desaparecen, se esfuman. Esperemos que algo de nosotros, lo mejor que cada uno de nosotros tenga, quede en vosotros así como algo de vosotros, lo mejor, pase a formar parte de nuestro fondo.
Habrá, ahora que tenéis ya una visión más completa de lo que estos seis años han significado, muchos aspectos del centro que no os hayan resultado satisfactorios, pero eso es algo normal. Uno siempre espera más de las cosas. También, de muchos de nosotros tendréis sin duda que formular críticas. Cometemos errores, como es propio de la humana condición.
En lo que a mí se refiere, dado que os he impartido materias muy diversas, muchas deficiencias me podríais señalar, sin duda.
Estoy convencido de que mis compañeros han intentado dar lo mejor de sí mismos en su quehacer. Yo, como os digo siempre, también he intentado dar lo mejor de mí, a veces con más fortuna, a veces con menos.
Si, en adelante, alguna vez sentís deseo de visitarnos, seréis recibidos por nosotros con gusto. Puede que no encontréis a algún profesor que deseéis visitar, porque no se encuentre en ese momento disponible. Si alguien quiere visitarme a mí, será fácil encontrarme en la hora del recreo, a la puerta del Centro, haciéndome daño a mí mismo con mis pocos saludables hábitos pero encantado de saludaros y enterarme de vuestros progresos.
¡ Larga vida a la promoción 2017!
¡Hasta siempre!